Javier Quintana es uno de los autores de los murales de la banda que fueron declarados de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad. En diálogo con AVISPADOS, contó cómo se acercó al arte y qué lo atrajo de la agrupación mataderense.
Los murales conmemorativos de los 30 años de La Renga se realizaron a finales del año pasado en Mataderos (Comuna 9), de donde es oriunda la banda. La semana pasada, los Diputados porteños los declararon de Interés Cultural de CABA
Las obras se pueden encontrar en Timoteo Gordillo entre Garzón y San Pedro (dedicada a Jorge “Tanque” Iglesias); Carhué e Yrupé (Manuel Varela y las Cucarachas de Bronce); Avenida Lisandro de la Torre entre Juan Bautista Alberdi y Bragado, Barrio Justo Suárez (Gustavo “Chizzo” Nápoli); Justo Suarez y Cosquín, edificio 1 del Barrio Los Perales (Gabriel “Tete” Iglesias); Araujo y Tandil (Banda completa), recordando a Raúl “Locura” Dilelio, integrante de la primera formación de la banda; y Araujo y Remedios.
Las pinturas fueron realizadas por Daniel Orellana, Beba Paz, Florencia Moggia, Claudio Pampillon, Javier Quintana, Pol St, Hugo Moggia y La Bella Época
Nacido en Villa Caraza (Partido de Lanús), Quintana (@javi_locura22 en instagram) se mudó a Capital Federal hace unos años. Trabaja en una empresa y en su tiempo libre se dedica a la pintura.
En diálogo con AVISPADOS, relató cómo lo inspira la banda y cómo surgió la idea de realizar los murales.
-¿Cómo fueron tus inicios en el arte?
-Empecé a dibujar de chico, como cualquiera, y mi amor por esto fue creciendo. Hice algunas cosas muy esporádicas por mi barrio de adolescente, pero nunca tuve gente que le gustara lo que hago, como ahora. Eso es como un incentivo, y que lo lleva a uno a seguir y querer hacer las cosas cada vez mejor.
Yo soy autodidacta, y veo todo el progreso que hice desde ese momento y no lo puedo creer. Y esto del entusiasmo y el incentivo de la gente que aprecia lo que hacés, me lleva a progresar y dar un poquito más de mí cada vez que hago algo.
Empecé con todo, a dedicarme de lleno, en 2015. Comencé pintando el acceso de La Renga en Villa Rumipal. La verdad que todo se lo debo a “los mismo de siempre”, como se llaman los seguidores de La Renga. No digo “nos llamamos” porque yo no lo sigo de siempre.
-¿Porqué te decidiste a pintar a La Renga? ¿Porqué esa banda y no otra?
-Yo no los seguía, los que los seguían por todos lados son mis amigos, desde que arrancó. Siempre los veía que iban a los banquetes. Y yo los escuchaba pero estaba en otro mambo, me gustaban las motos e iba a los encuentros. De hecho, yo vi a La Renga en vivo en uno de esos eventos.
Pero en 2013 mis amigos me convencieron y me llevaron a Navarro. Y la verdad que vi toda esa mística, esa camaradería, esa amistad, esa gente que se encontraba desde lejos. Yo, como tipo grande, vi todo ese fenómeno social que había y me llamó mucho la atención. Así que fui al siguiente banquete, pero no con la idea de pintar. Arranqué pintando un jueves por la tarde, que estaba con mi sobrinito, que lo había llevado. El primer mural lo hice por la necesidad de exteriorizar algo. Sentía esa alegría que sentía toda esa gente, que ellos ya lo venían experimentando hace más de 20 años. Sí, fue la necesidad imperiosa que tiene el hombre de expresar, y salió una pintada, que después se fue convirtiendo en cosas más elaboradas hasta que llegamos a lo que hago hoy
Otra faceta de mi arte es la de la lucha social, y en eso me inspiró La Renga también. Vi su compromiso social y quise sumarme con lo que hago en las buenas y en las malas. Pinté las vallas con el gobierno anterior. Todavía tengo muchas cosas para decir. Cuando pase la pandemia voy a salir a la calle a pedir Justicia por Facundo, por Luis Espinoza. Y por todos los desaparecidos y muertos en manos de la fuerzas de seguridad

Fuente: Javier Quintana
-¿Y cómo surgió la idea de hacer los murales en Mataderos?
-Eso comenzó con la idea de hacer algo por los 30 años. Estuve todo un día con un amigo de Mendoza buscando un lugar para hacer algo y no conseguimos. Justo toqué en lugares de gente grande, que mucho sobre la banda no entendía. Todas negativas.
Entonces, lo publiqué en redes y a los minutos ya tenía cuatro paredones. Lo que arrancó como un solo homenaje, se convirtió en cuatro murales de la banda, y después en seis. Todo fue gracias a los mellis Prieto, los Pibes del Toldo, la gente del Barrio Justo Suárez, los amigos de Los Perales, el Club Cárdenas.
Formamos un equipo de amigos, sobre la marcha, que se complementó con todo el entusiasmo de Mataderos. Fueron fechas increíbles que incluyeron la presencia de Tete, lo que le puso mucha magia a esa fecha.
-¿Qué sentiste cuando te enteraste que los habían declarado de Interés Cultural?
-Cuando me enteré fue una alegría inmensa. Se lo dije a mi hijo y me puse a llorar. Es saber que van a quedar ahí. Que se van a cuidar, eso es seguro porque la verdad que la gente del barrio… Si no fuese por ellos no se habría hecho nada: ofrecieron el lugar, su predisposición, materiales. Estoy más que agradecido con todos.
