club ercilla

La institución de Liniers tiene las refacciones frenadas desde fines del año pasado. En diálogo con AVISPADOS, la presidenta contó las dificultades y demoras para lograr la habilitación, y el contexto de las asociaciones de barrio.

El Club Ercilla Juniors (Avenida Lisandro de la Torre 1190, Liniers, Comuna 9) tiene más de 80 años de historia. Luego de un periodo de abandono en la década de los 90, fue recuperado por los vecinos y volvió a llenarse de actividades. Sin embargo, todavía no pudieron reabrir después de la pandemia porque siguen en espera de la habilitación de los trabajos que necesitan hacer para arreglar el techo.

Natalia Marques, presidenta del establecimiento, le contó a este medio que la primera dificultad que atravesaron a la hora de iniciar las reparaciones fue la situación económica, ya que con las grandes devaluaciones del 2019 se les modificó el presupuesto.

Cuando comenzaron a subsanar ese desfasaje, en 2020, llegó la pandemia. Recién cuando se flexibilizaron los protocolos pudieron reanudar los trabajos, que al poco tiempo fueron clausurados por el Gobierno de la Ciudad, y así se encuentran desde fines del año pasado. Desde el GCBA les exigen tener el permiso de construcción aprobado.

“Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para que eso suceda, y lo cierto es que nos encontramos con innumerables impedimentos, desde demoras en la Dirección General de Registro de Obras y Catastro, que es el organismo del Gobierno que interviene en estas características, en cuanto a los plazos que tardan en ver el expediente hasta devoluciones que nos hacen y de repente olvidan adjuntar parte de la información que nos citan en el mensaje. Así de absurdo. Y luego, una serie de requerimientos que son extremadamente difíciles de cumplir para una obra como la nuestra, que no es un negocio inmobiliario. Es una refacción sobre un edificio que tiene una preexistencia de larga data, y a veces los planos originales no se encuentran, por ejemplo. Todo indica que no se tiene en cuenta que se trata de un club de barrio, y eso es lo que estamos exigiendo”, manifestó Marques.

También explicó que es indispensable hacer los arreglos porque las instalaciones tienen muchas filtraciones y la situación podría tornarse peligrosa porque si las goteras persisten, empeorarían las condiciones edilicias y podría haber riesgo de derrumbe.

“La obra es tan vieja que se estaba filtrando el agua por abajo, en los cimientos. Entonces necesitábamos hacer la losa nueva. Es una construcción de ciertas dimensiones, hay que hacer un techo y lo que exigimos es que el GCBA contemple las particularidades de una  realización como esa”, afirmó.

Rescatar de las manos del olvido

El Ercilla pasó momentos complejos durante la década de los ‘90. “Nosotros recuperamos el lugar de una etapa de retraimiento de la sociedad civil, de nuestra barriada, al espacio privado de su casa. Fue todo un proceso en el que se profundizó lo que había empezado antes, en el tiempo oscuro de la dictadura, que lo que hizo un poco fue romper los lazos sociales. Producto de eso y de la crisis económica del 2001, el club había quedado con muy poca vida social y cada vez fue vaciándose más hasta quedar literalmente abandonado, sin funcionar”, expresó Natalia Marques.

Pero para revertir esta situación, un grupo de vecinos de Liniers se juntó con adultos mayores que ya habían participado de la vida del espacio. Así comenzaron un proceso para rescatar a la institución del olvido, en donde las generaciones jóvenes trabajaron codo a codo con las personas más grandes.

“Era una tarea que no permitía que la hiciesen dos, tres o cuatro individuos. Había que ponerlo en manos de la mayor cantidad de gente posible. Y así es que empezamos a patear el barrio, a visitar la escuela Alfonsina Storni, los comercios, nos vinculamos también con el Centro Comercial de Emilio Castro, visitamos el centro de jubilados de la otra cuadra y recorrimos otros clubes con los que al día de hoy ya tenemos un vínculo de mucha solidaridad practicada”, aseguró.

Y agregó: “Empezamos ese camino producto de la necesidad pero también porque tenemos la convicción de que las redes nos hacen más fuertes, de que la solidaridad es un valor pero sobre todo una práctica que hay que ejercitar y que nos da la fortaleza para seguir construyendo organización, en este caso barrial, comunitaria. El club no es una burbuja, sino que es un espacio de comunidad organizada, donde las personas se encuentran, ponen en común sus problemas, notan que esas dificultades no son solo suyas y que colectivizando esos problemas se puede también buscar una vuelta para resolverlos en conjunto”.

Con esta idea como punto de partida es que se creó el buffet del establecimiento. No hizo falta poner anuncios de contratación, sino que se acercó alguien que sabía cocinar y otro que tenía conocimientos sobre organización de eventos, decidieron poner la situación en común y así conformaron la Cooperativa gastronómica Ercilla, según contó la directiva.

De la misma manera se vincularon con la agrupación Mataderos Verde, un grupo de vecinos que buscan concientizar sobre la importancia del cuidado del medioambiente y la agroecología.

“El club les abrió las puertas (simbólicamente porque el edificio no funciona ahora), puso a disposición la experiencia que fuimos construyendo en este tiempo para organizarnos, y eso le sirve a cualquier colectivo. De hecho nos presentamos juntos al proyecto Casa Común del Ministerio de Ambiente, para poder financiar la construcción de composteras comunitarias. Es otro ejemplo más de cómo la institución viene desarrollando su práctica, su vivencia. Porque estamos convencidos que las cosas funcionan así y que las asociaciones de barrio surgieron así históricamente, como un espacio de encuentro, a donde la gente iba a tener una casa común”. concluyó Marques.