reloj mataderos

El ícono histórico de más de 100 años volverá a funcionar, como parte del plan de recuperación del Antiguo Mercado de Hacienda.

El Gobierno de la Ciudad anunció que, a través de su Ministerio de Espacio Público, llevará a cabo la recuperación y puesta en funcionamiento del reloj monumental ubicado en la torre del Antiguo Mercado de Hacienda de Mataderos, como parte del plan integral de reparación de este edificio declarado Monumento Histórico Nacional.

Los trabajos incluyen el acondicionamiento de los interiores de la torre, el armado de la estructura de soporte y de la máquina, que llevaba más de una década sin funcionar. Están a cargo del relojero Guillermo del Valle, con experiencia en la intervención de piezas emblemáticas que pueden verse en la Ciudad, como los dispositivos de la Casa Rosada y el Cabildo.

Fabricado por la prestigiosa casa francesa Prost Frères (Hermanos Prost) en Morez, el reloj original de Mataderos es un exponente de la alta ingeniería de finales del siglo XIX. Esta maquinaria monumental, diseñada para marcar las horas y las medias horas, integra un sistema de medio carrillón y una campana timbre que emite el número exacto de campanadas cada hora y un único toque al cumplirse la media hora. Debido a su naturaleza mecánica, el dispositivo exige que se le dé cuerda manualmente cada semana.

Volverá a ponerse en marcha en los próximos meses, según aseguraron desde el Ejecutivo porteño, cuando se terminen las obras en la antigua sede de la Administración de los Mataderos, que abarcan las fachadas del inmueble principal y de las recovas norte y sur. 

Estos meses se realizaron allí diversas intervenciones sobre la integridad del conjunto: una limpieza integral, la restauración de terminaciones originales, elementos ornamentales, carpinterías y herrería artística, y apertura de vanos originales. Además, se instalará nueva iluminación para realzar los rasgos del sitio.

También se llevó adelante la reparación del Monumento El Resero, que se ubica en frente. Allí, los trabajos incluyeron a su base de granito y la figura de bronce del gaucho, tareas de limpieza mecánica y química, remoción de vegetación invasiva, recuperación de pátinas y aplicación de una protección contra la corrosión.

Previamente, se hizo una fotogrametría completa para relevar las patologías de la edificación. El proceso fue supervisado por un equipo de especialistas del MOA -Monumentos y Obras de Arte-, el taller encargado del cuidado de los monumentos, esculturas y arte público porteño.

“El edificio, su torre y su reloj constituyen un punto de referencia y de encuentro para todos los vecinos de Mataderos. Después de más de un siglo, esta construcción sigue siendo el corazón de un barrio y el epicentro de sus ferias tradicionales. Trabajamos con un enorme rigor técnico para cuidar cada detalle en la restauración de este patrimonio, y para asegurar que su historia y su identidad sigan vivas para las próximas generaciones”, afirmó el ministro de Espacio Público, Ignacio Baistrocchi.

Color con historia

Otro de los aspectos que forman parte de la puesta en valor es la pintura de las fachadas. Y para definir el color adecuado, la cartera de Espacio Público llevó adelante una investigación a través de documentos históricos, fotos centenarias, postales, publicaciones de prensa, estudios estratigráficos y la memoria viva de la zona.

El procedimiento comenzó con un relevamiento de imágenes y postales coloreadas de principios del siglo XX, que permitieron identificar la evolución cromática del lugar. Los primeros registros fotográficos en blanco y negro -de 1897 y la primera década de 1900- permitieron identificar que el color del edificio central del Mercado tenía un valor tonal medio, mientras que las recovas aparecían en un tono más alto y luminoso.

En postales coloreadas de 1908,aparece pintado en tonos rojizos, mientras que las recovas laterales se representan en tonalidades más claras, próximas al siena. En todos los casos, los elementos ornamentales se destacaban en tonos cercanos al blanco. Esta diferenciación visual característica se fue perdiendo gradualmente en la documentación fotográfica hacia las décadas de 1930 y 1940. 

La historia cromática fue reconstruida mediante cuatro estratigrafías, un análisis detallado que interpreta las sucesivas capas de pintura en los muros. Esto determinó una secuencia constante en la aparición de los pigmentos: partiendo del mortero a la cal original, se detectaron tonalidades siena y bermellón (un rojo óxido de carácter terroso), seguidas por niveles de ocre, gris y una gradación de rosados que fue ganando intensidad con el tiempo.

Finalmente, se determinó pintar las fachadas con un tono de rosa y un blanco desaturado de pintura a la cal, una opción acorde con las prácticas constructivas de fines del siglo XIX e inicios del XX. La decisión contó con el aval de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos.

Aunque las indagaciones comprobaron que también se utilizaron tonalidades siena y bermellón, la elección del rosa responde al objetivo de respetar la memoria colectiva del barrio. Se trata del color que lleva el establecimiento ininterrumpidamente desde hace más de 45 años (algo que no sucedió con otros colores).

Y es el tono con el que, desde hace casi medio siglo, miles de vecinos y visitantes identifican este espacio, monumento histórico y epicentro de la Feria de Mataderos.