Homenaje: Cuando Julio Cortázar hizo cuento al ídolo de Mataderos

En su antología Final de juego (1956) el escritor argentino incluyó el cuento “Torito” narrado desde el punto de vista del boxeador mataderense Justo Suárez en sus últimos días.

Se cumplieron ayer 39 años del fallecimiento del cronopio nacido en Bélgica (26 de agosto de 1914), crecido en Argentina, radicado en Francia. De Banfield a Bolívar, Chivilcoy, Mendoza, Agronomía y París, Cortázar es un referente de la literatura de estas tierras en el mundo.

Entre sus pasiones, por fuera de la lectura y la escritura, don Julio ostentaba el placer de escuchar jazz y peleas de boxeo (primero en la radio, luego pasó a las tribunas). Así conoció a Justo Suárez, cuya carrera siguió hasta el fallecimiento del Torito el 10 de agosto de 1938. “Suárez era brillante, espectacular y de una gran simpatía”, expresó a propósito del mataderense.  

La pasión tiene origen, pero no explicación

En 1983 estando Cortázar en Madrid, el periodista Antonio Trilla lo encontró leyendo el diario en un café. Esperaba amigos, pero no dudó en acceder a una charla que luego se publicaría con el título “Cortázar: el boxeo y el jazz, dos pasiones de cronopios”.

En efecto, la conversación transitó esas dos temáticas tantas veces reflejadas en la literatura cortazariana. “¿Por qué y cómo te interesaste en el boxeo?”, le consulta Trilla al principio. “El porqué nunca me lo pregunté…”, responde Julio. Pero la historia aporta algunas pistas…

Cortázar era todavía un niño apodado Cocó en 1923 cuando la incipiente radio albiceleste transmitió la pelea entre el argentino campeón de peso pesado Luis Angel Firpo y el estadounidense Jack Dempsey que se llevó el combate ayudado por el referí.  

Fragmento de la pelea. Fuente: Archivo Histórico RTA

Julio quedó desconcertado por el resultado y al mismo tiempo prendado al deporte, tal como cuenta en su libro La vuelta al día en 80 mundos. “Leía todo lo que se publicaba sobre boxeo y escuchaba por radio las peleas más importantes. Desde luego, que, como vivía en una casa llena de mujeres no había nadie dispuesto a llevarme a ver una pelea”, le dijo a Trilla.

Cortázar recrea una pelea con su amigo, el artista argentino Julio Silva.

El boxeo se vuelve literatura

Naturalmente Julio creció y fue dejando atrás a Cocó para darle lugar a Cortázar. No obstante, el boxeo ya estaba incorporado a su rutina y continuó así hasta el final de su vida, el 12 de febrero de 1984.

¿Cuánto le debe, entonces, la literatura universal al boxeo? ¿En qué medida el cuadrilátero se coló en los textos cortazarianos?

“En América latina hay todavía una tendencia romántica a buscar metáforas que respondan a imágenes consideradas ‘nobles’. Yo desde muy joven sentí que debía desacralizar, quitarle a la literatura esa imagen ‘noble’; siempre pensé que había en la vida cotidiana elementos llenos de belleza, que era necesario incorporarlos a la literatura. Desde el comienzo hay en mis libros referencias del tipo que señalas. Un buen match de box -como decíamos antes- puede ser tan hermoso como la metáfora más ‘noble’”, le respondió en 1983 a Trilla.

En ese sentido, Cortázar consideraba al boxeo un “fenómeno estético” y hasta se permitía entrar al Luna Park a ver peleas portando un libro bajo el brazo. “Yo no lo veo violento ni cruel. A mí me parece un enfrentamiento muy honesto, muy noble. Me interesa el enfrentamiento de dos técnicas, de dos estilos, la habilidad de vencer siendo a veces, más débil”, le explicó a Trilla.

Dos ejemplos que fortalecen lo dicho: el primer trabajo de Julio en Francia en 1951 fue como comentarista de radio y lo despidieron por su mala pronunciación del español en la transmisión de una pelea de box; en 1969 publicó “Último round”, libro que toma el título del tan mentado deporte.

Un Torito embiste la realidad y la ficción

Cuando Julio era adolescente y cursaba la escuela secundaria en el colegio normal Mariano Acosta, su docente de Pedagogía Jacinto Cúcaro contaba a los estudiantes (al futuro escritor lo consideraba el mejor alumno) las peleas de Justo Suárez. Al propio Cúcaro Cortázar le dedica “Torito”.

Justo Suárez, el “Torito” de Mataderos

La redacción del texto fue natural y vertiginosa. Decía su autor que, estando en París, vino a su memoria aquella carrera boxística del mucanguero y “de golpe” se sentó ante la máquina. “Durante dos horas me sentí Justo Suárez y escribí como un boxeador”, reveló.

Aunque en ningún momento el narrador se reconoce como Suárez, el título y la dedicatoria del cuento hacen lo suyo para que el lector pueda identificarlo.

“Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula. Te sacuden contra las sogas, te encajan la biaba”, comienza el décimo tercer cuento publicado en Final de juego.

El texto –narrado en primera persona desde los ojos de un boxeador enfermo que rememora un pasado de gloria– pone de manifiesto la tristeza de Julio al saber el final que le tocó en suerte al joven Justo.

“Terminó de un modo trágico, abandonado por todos después de la derrota y murió tuberculoso en un hospital de provincia en Córdoba. Para mí, su muerte -que fue una verdadera tragedia del deporte- fue también un acontecimiento importante. No me perdía una sola pelea suya”, le dijo a Trilla. En esa misma entrevista reconoció en Suárez un boxeador “deslumbrante” y “extraordinario”.  

En 1970, Julio grabó el disco “Cortázar por el mismo, un libro sonoro” (lo que hoy se conoce como “audiolibro”) y eligió “Torito” (un “viejo cuento”) para empezarlo. No obstante, antes de la lectura se toma unos minutos para explicar: “Mientras le echaba un vistazo para calcular la duración, pensé en eso de los cambios en el habla popular porque leo por ahí que me he quedado atrás en el habla porteña y seguro que es cierto. Pero también es cierto que un boxeador argentino que se llamó Justo Suárez nunca habló como habla en este cuento. Y sin embargo a mí me parece que de alguna manera es él, como lo conocimos y lo quisimos”.

Y lee. Su voz característica con la letra “r” patinando como si bajara por un tobogán, parece quebrarse sobre el cierre de la historia: “A la mitad de la pelea la empecé a pasar mal, después no me acuerdo mucho. Mejor no acordarse, no te parece. Son cosas que para qué. Me quisiera olvidar de todo”.

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