“Los clubes de barrio deben ponerse al servicio de la comunidad”

El 13 de enero el Club Larrazábal cumplió 75 años de existencia. En este marco, Patricia Oillataguerre, su presidenta, dialogó con AVISPADOS sobre cómo atravesaron la pandemia y su rol social en la Comuna 9.

El Club Larrazabal, ubicado en Liniers -a pocos metros de Mataderos-, fue fundado en 1946 y la semana pasada cumplió 75 años. Patricia Oillataguerre le contó a este medio cómo vivieron el cumpleaños en medio de la pandemia de COVID 19 y su articulación con otras organizaciones para ayudar a la comunidad.

Patricia llegó al espacio social, cultural y deportivo hace más de 25 años. En los ‘90, trabajando en el Centro Cultural Macedonio Fernández de Mataderos, tomó contacto con la institución por primera vez.

Comenzaron realizando algunas actividades en conjunto con otras organizaciones, como un homenaje a Alberto Breccia, un recital de La Renga y Los Auténticos Decadentes en el estadio de Nueva Chicago en beneficio del Comedor Los Carasucias y la Comisión por la Memoria. Tiempo después se conformó la Multisectorial Mataderos Liniers y después de los 2000 Oillataguerre integró, en distintos cargos, la Comisión Directiva del Club Larrazábal.

-¿Cómo vivieron este 75° aniversario en medio de la pandemia?

-Fue un clumpleaños distinto. Hace casi un año que veníamos pensando en tirar la casa por la ventana para festejar los 75 años del club y teníamos la ilusión de festejarlo. En noviembre, con la.disminución de casos, ya estábamos pensando en cómo podíamos hacer una celebración en la que no hubiera tanta gente pero después, con el incremento de los números de los positivos, nos pareció una irresponsabilidad de nuestra parte, así que, a pesar de los anhelos que teníamos, decidimos posponer el festejo.

-¿Mantuvieron las actividades durante la cuarentena?

-En un principio, las presenciales se suspendieron totalmente, porque todos creímos que iba a durar poco tiempo, pero en la medida en que las restricciones continuaban y el virus no paraba, empezamos a pensar alternativas y comenzaron las reuniones por zoom con las personas a cargo de las diferentes actividades.

Entre todos generamos estrategias: las fiestas patrias las celebramos por Youtube (en la no pandemia hacíamos peñas, cenas y milongas) con la colaboración de los distintos grupos, dándole a cada una un eje temático; y en algunos talleres los profes hicieron videos con actividades y los subieron. 

Además, hicimos algunas charlas por zoom de interés general abiertas al público con la Inspección General de Justicia (IGJ), sobre las condiciones legales de los clubes y otras entidades civiles y las reglamentaciones que deben cumplir; otras de género en conjunto con el grupo de Nuevo Encuentro de la Comuna 9. A partir de éstas se fue gestando la idea de armar una comisión en el club y desde principios.de diciembre la Comisión de Mujeres, Género y Diversidades es una de las pocas actividades que funciona de manera presencial los días viernes.

También surgió El Clú de la ESS que es un espacio de Economía Social y Solidaria que se desarrolla en el club los sábados por la mañana, con las medidas necesarias para cuidarnos, con pedidos previos, distanciamiento, etc. Ya en 2019 habíamos realizado un encuentro sobre este tema y acá funcionaba un nodo de una red de comercio justo, pero queríamos darle forma a un espacio propio.

Llevamos a cabo el segundo encuentro de ESS en noviembre, donde presentamos un catálogo online de emprendedores de la comuna que sigue abierto para que se sumen (https://esscomuna9.wixsite.com/catalogo)

Por otro lado, empezamos a reunirnos virtualmente con otros.espacios culturales de la zona y se formó EsCultura, una agrupación de espacios culturales.del oeste porteño en la que queremos.visibilizar sus problemáticas y sobre todo, la posibilidad de no tener que ir al centro de la ciudad para poder disfrutar de espectáculos y actividades culturales.

-¿Cómo atraviesan este momento desde lo económico?

-Y… era un tema preocupante, pero gracias a la colaboración de todos pudimos sobrellevarlo. Hicimos una rifa, bonos contribución. Nos inscribimos para las ayudas económicas que brindaron desde los Ministerios de Deportes y gracias a eso la vamos llevando.

Estamos inscriptos al Registro Único de Instituciones Deportivas del GCBA y recibimos ayuda económica con el programa Clubes de Barrio de la Ciudad y el de Nación también.  Lo que recibimos sirvió para pagar servicios, para hacer tareas de mantenimiento, reparaciones y comprar insumos.

Es de destacar que para inscribirse en esos registros y acceder a los apoyos económicos hay que cumplir con ciertos requisitos que no todos los clubes, por distintas circunstancias, pueden juntar y con esto tiene que ver con las charlas de la IGJ y la posibilidad de acceso a los organismos del estado para poder tener la documentación en regla.

-Acá aparece parte del rol social del club, ¿cuál es tu opinión sobre la responsabilidad de estas instituciones para con la comunidad?

-Para nosotros esa es la principal finalidad. Los clubes de barrio deben estar atentos a las necesidades de la comunidad y ponerse a su servicio. Forman parte del territorio, y no me refiero al paisaje o la geografía, sino específicamente a sus características, a la gente que lo habita, los vínculos personales, institucionales, al entramado particular que se da entre quienes habitan en un determinado lugar.

Por eso tiene que ver nuestra colaboración como club con organizaciones que están trabajando con grupos de personas que más lo necesitan, como la gente de Che Cultura, Los Carasucias y la olla popular que hace los sábados en el establecimiento la UB “Son 30000”.

-¿Cómo fue su vinculación con estas organizaciones? ¿Trabajaban juntos durante la pandemia?

-Sí. Con la gente de Che Cultura nos conocemos hace años y en estas circunstancias, y sabiendo de las necesidades de las personas que asisten, nos pusimos en campaña para colaborar. Lo mismo con Los Carasucias, juntamos dinero, ropa, alimentos. 

La gente de Son 30000 tenían la idea de armar una olla popular pero no tenían espacio para hacerlo, así que el club les cede el lugar para cocinar y entregar las viandas. Siempre hemos tratado de ponerlo al servicio de quienes lo necesiten. Antes de la pandemia también lo hemos prestado para alguna actividad a las escuelas de la zona y a otras organizaciones.

-Por último, ¿cuáles son sus expectativas para con el club y qué esperan para este nuevo año?

-Ideas y ganas de hacer cosas no faltan.Todo depende un poco de cómo siga el tema de la pandemia. En el año que pasó nos acostumbramos a no planificar demasiado, a esperar a ver qué pasa. No es lo ideal pero estas cuestiones no dependen de nosotros así que vamos resolviendo en la medida en que se van dando los sucesos. Esperamos que todo esto pase pronto y podamos volver con todas las actividades y los eventos.