“La gente ya abrió la cabeza con respecto a los tatuajes: lo normal es tener uno y no, no tenerlo”

AVISPADOS visitó La Casona de Los Olivera donde las tatuadoras Candela Goi y Mariana Galarza DiCaro mostraron su trabajo. Hablaron sobre sus inicios, el feminismo y la estigmatización sobre los tatuajes.

Por Ximena Gonzalez

En la la Sala Vecinal, ubicada en el Parque Avellaneda (Avenida Lacarra y Directorio, Comuna 9), se llevó a cabo la muestra “Cuerpxs Indelebles”, donde se exhibieron las fotografías de Cristina Chalita Moraña y los tatuajes de Mariana y Candela.

Candela Goi tiene 28 años y se dedica hace 6 a hacer lo que ama. Es del barrio de toda la vida y trabaja en su estudio privado llamado La Candelaria (@LaCandelariaTattoo en instagram), ubicado en su casa.

Mariana Galarza DiCaro comparte el estudio de Candela, tiene 35 años y tatúa hace 3. También es de la zona, pero tiene planeado viajar a tatuar por toda Latinoamérica en Kombi. Se la puede encontrar en las redes como @PinkiTattooBA.

-¿Cómo comenzaron a tatuar?

Candela: como manera de vivir de dibujitos. Yo trabajaba vendiendo cosas pintadas y cajitas en una feria, pero eso no me redituaba económicamente como para vivir. Siempre me gustaron los tatuajes y empecé a investigar, a jugar, a ver que encontraba por ahí. Me compré un equipo muy muy básico. Pinché en condiciones de indigencia a mis amigos y a mis amigas, hasta que dije “sí, esto me gusta, vamos por acá” y le metí.

No dejé de tatuar más de una semana nunca, ni de vacaciones. Me voy de vacaciones trabajando.

Eso es lo bueno también, ponerse la mochila y poder trabajar en cualquier punto de mundo, que también era una de las condiciones que buscaba para mi trabajo. Después de trabajar esclava 2 años de la vida en un hospital me di cuenta que no era lo que quería y trás varios intentos llegamos a esto que es todo lo que está bien en el mundo.

-¿Alguna vez hicieron algún curso para aprender a tatuar?

-Candela: Yo fui muy autodidacta, compartí con otros tatuadores y tatuadoras que me dieron una mano, mucho internet y mucho pinchar cualquier cosa: naranjas, plásticos, gente y que salga mal,  pincharme a mí y que salga mal… Hasta que salió, en un momento, no sé cuándo ni cómo, pero salió.

Mariana: Yo sí hice cursos, de diez clases, y la última clase es tatuar a alguien tipo  Frankestein entre varios. Lo hice más que nada para ver si me animaba, porque a mí me da mucha impresión cuando voy a sacarme sangre, entonces pensé que tenía un mambo con eso, pero no. El problema es sólo con sacarme sangre, no con las agujas.

Yo soy diseñadora de interiores y me dediqué muchos años al diseño de objetos y encontré que cuando empecé a diseñar estampados muchos amigos me pedían mis creaciones para tatuarse. Un día fue como “¿y si los tatúo yo? Bueno, probemos”. Y me encantó. Plasmar mis dibujitos en otres y con colores, y verlos terminados y que anden por ahí me parece lo más.

-¿Creen que sigue existiendo estigmatización y prejuicios con respecto a los tatuajes?

-Candela: Al trabajar puertas adentro de mi casa y no en un estudio a la calle han venido señoras y señores muy grandes que ya se habían jubilado y no tenían que trabajar para nadie. La gente, para mí, ya abrió la cabeza: lo normal es tener un tatuaje y no, no tenerlo. Creo que ya no pasa nada, sólo en ámbitos muy específicos, no sé, la salud. Y hasta ahí, porque yo he tatuado médicos, por ahí no se tatúan la mano, por ejemplo. Todo el mundo se tatúa, menos mi mamá.

Creo que estamos perdiendo el prejuicio. Por suerte se contempla como arte ahora y hoy por hoy hay muchos artistas. Yo antes de agarrar una máquina dibujaba, pintaba y hacía un montón de cosas. Entonces como que ya tenés otras herramientas y criterios que te llevan a hacer otro tipo de cosas.

Claramente no son los mismos los diseños que se hacen ahora que los que se hacían en los ‘90. De hecho ahora estamos tapando cagadas de esa década: duendes, hadas, estrellas, caballitos de mar, tribales, unicornios.

Mariana: Es que sí, antes se trataba de ir a hacerte cualquier diseño de un libro x, que ni conocías. Ahora me parece que la búsqueda, sobretodo la nuestra, es que el que se tatúa venga a llevarse un diseño que represente algo que tenga que ver con esa persona, con sus ideas, sentimientos, pero algo exclusivo, no algo que está en un librito y 15 personas van a  tener lo mismo.

Entonces aparece el hecho artístico y llevar arte en la piel ya no es delito. Antes era de quienes estaban en la cárcel, o sea de minorías. Hoy es de todo el mundo, una maestra, un médico tienen un tatuaje y no llaman la atención de nadie. Ya no hay tanto prejuicio por eso.

¿Alguna vez se negaron a tatuar un diseño?

Mariana: no me tocó nada muy controversial. Me pasa que si me mandás que te querés hacer un escudo de fútbol… o te digo que no tengo turno o que tengo turno para un domingo a las 6 de la mañana.

Candela: Yo digo que no. Hay cosas tipo, “escudo de fútbol.. NOO”. Mínimo, tener la posibilidad de intervenir aunque sea un poquito. Una idea que hay que copiar y pegar, no. Ya pasamos por ese camino y sabemos que no nos gusta. Ahí desaparece lo artístico y lo personal, más allá que uno deja las líneas propias. En algún momento dije que sí y trabajás con dolor.

-¿Cómo fue meterse en el mundo de los tatuajes feministas como los que se ven en la muestra?

Candela: Te lleva, estás en un camino, militás, tenés compañeras, compañeres, compañeros y como que te piden una cosa, vos dibujás otras… y de repente tatué 30 Venus el último año. Hiciste uno y se multiplica por diez. Es mucho de boca en boca. La gente lo ve y dice “uy, ¿quién te lo hizo? Quiero algo así”

Mariana: No deja de ser un momento histórico, que está marcando un antes y un después, un tratar de tirar abajo el patriarcado. No es ilógico que mujeres y compañeres disidentes busquen mujeres y disidentes para tatuarse y no caigan en el típico local de chabones. Creo que, además, si me quiero hacer un tatuaje feminista mínimo voy a buscar una persona que empatice con la lucha.

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