Por Alejandro Amor, defensor Adjunto del Pueblo de la Ciudad. Ex legislador porteño.

El jueves pasado en la Legislatura porteña se aprobó en sesión ordinaria el proyecto del Ejecutivo que prevé la creación de un Distrito Joven en la zona de la Costanera, para habilitar la instalación de locales gastronómicos, bares y boliches bailables, que conforma una unidad de esparcimiento y ocio para jóvenes.

Su creación es uno de los coletazos que surgen a partir de la tragedia de Time Warp, luego de la Ley de Espectáculos Masivos, primera normativa que modificó y advirtió sobre la falta de controles por parte del Estado.

Desde la Defensoría, se hace un trabajo de acompañamiento y asesoramiento a los familiares de las víctimas. También se organizó una mesa de debate con especialistas, legisladores porteños, representantes de Nación y de la Ciudad para reflexionar sobre los controles nocturnos de las fuerzas de seguridad.

Sabemos que existe un sector mafioso que no sólo lucra con la vida de los jóvenes, sino que es capaz de manejar los resortes de la Justicia. La causa de Time Warp llegó a tener cuatro organizadores presos, tres prófugos, funcionarios del Gobierno porteño y la Prefectura procesados, pero el juicio todavía no comenzó.

Por ello, es importante advertir, en primer lugar, que el proceso de selección de los empresarios participantes esté disociado del perfil mafioso y extractivo que se esconde detrás de muchos de los que manejan la noche.

En segundo, esta zonificación pareciera estar orientada para los sectores de clase media y alta que son los que consumen drogas de diseño, dejando de lado a miles de jóvenes que se encuentran en la zona sur y oeste de la Ciudad, que tienen otro perfil y que por lejanía física no estarían contemplados en este nuevo esquema.

Es necesario que el Estado encare una política de reducción de daños certera y precisa, que acepte el problema, no sólo lo alerte, y que sea capaz de trabajar codo a codo con los jóvenes.

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