Por Cecilia Bona, editora de Avispados. 

Salir de las comunes salas de los registros civiles y casarse en edificios emblemáticos porteños es una realidad desde hace meses. La última incorporación, la Casa de la Lectura, desafía los límites. ¿Una linda foto es más importante que el contenido?

Los argumentos pueden caer de a cientos: el matrimonio sucede una vez en la vida, hacerlo en una oficina es aburrido, queremos conseguir algo distinto, todos nuestros amigos se casaron en el mismo Registro Civil.

Por eso, cuando la Ciudad avisó que pondría a disposición de las parejas algunos sitios simbólicos, muchos corrieron a anotarse. El Teatro Colón, la cancha de Boca, el Rosedal, la Casona de los Olivera en Parque Avellenda y diversos museos son algunos de los lugares donde los novios pueden dar el sí.

El miércoles 14 de febrero, día de los enamorados, el Gobierno habilitó la Casa de la Lectura ubicada en Lavalleja 924, Villa Crespo. A partir del miércoles entonces, una biblioteca pública funcionará de vez en cuando como sede de casamientos.

Es posible que la crítica parezca hecha desde la animosidad: rechazar todo porque sí. Sin embargo, es importante subrayar que un sitio ideado como lugar de estudio, investigación, búsqueda y conservación del patrimonio bibliográfico no es el escenario adecuado para una boda.

La remodelación que mantuvo el edificio de la Casa de la Lectura cerrado durante 4 meses lo dejó en atractivas condiciones. Las obras ampliaron los salones y los dotaron de luz natural, se sumó mobiliario cómodo y pensado para trabajar en equipo y se arregló la fachada.

La también llamada “biblioteca modelo de la Ciudad” posee estantes con ejemplares de todos los tamaños y colores que el miércoles pasado sirvieron de escenografía para los 4 casamientos que se llevaron a cabo.

Si evaluamos el valor estético, lo reconocemos: las fotos salieron hermosas. ¿Y las cuestiones de fondo? ¿Pueden las stories de Instagram y las publicaciones de Facebook ser más importantes que el objeto de fondo de una biblioteca pública?

Creemos que no, y la desvirtuación del rol y misión que cumplen estos espacios no alienta a verlos como lo que son sino como cáscaras vacías donde queda lindo decir que estuvimos.

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