Graciela Rodríguez preside la Asociación Civil Ligüen, en cuyos hogares viven niños que padecen situaciones de vulnerabilidad social. En esta nota, habla sobre su trabajo y abre la campaña de donación de útiles escolares para el ciclo lectivo que comienza: “El que tiene en su casa a un chico puede imaginarse todo lo que se necesita”.

A veces Graciela Rodríguez camina por la calle y alguien grita su nombre. Cuando se da vuelta encuentra un joven de cara conocida que la saluda y le explica que está vestido con corbata porque se va a trabajar. Ahí nomás lo redescubre. Y ve en sus ojos a aquel chiquito de siete años que llegó alguna vez al hogar de niños que ella preside.

“Y vos decís ‘no lo puedo creer’. Porque se hizo un trabajo y se materializó de esta manera. Te da una alegría inimaginable”, le explica Graciela a AVISPADOS. Mientras narra el encuentro, a esta mujer que en 2002 creó junto a un grupo de personas la Asociación Civil Ligüen se le pone la piel de gallina.

 

La niñez desprotegida

Son muchos los motivos por los que un chico o chica menor de 18 años atraviesa una situación de riesgo. Graciela, abogada especialista en derecho de niñez y familia, enumera algunos: “Violencia doméstica, familiares con padecimientos psiquiátricos, mamá o papá fallecidos”.

Los dos hogares que dirige, Ligüen y Marcelino, están a disposición del Gobierno de la Ciudad y la Justicia para recibir chicos de 4 a 12 años que cuenten con una medida legal extendida por las Defensorías zonales. Cuando se toma intervención en algún caso, Rodríguez cuenta que se busca un hogar que dé con el perfil de estos chicos. “Por ejemplo, si encontraran una nena, no podría venir a nuestros hogares que son específicamente de varones”, explica.

-¿Cuál es el rasgo distintivo de Ligüen?

-La característica que tienen nuestras casas es que tratamos que la vida de los chicos sea lo más parecida a lo que sería si estuvieran en una familia. Ellos viven en los hogares, van al colegio, tienen actividades recreativas, un médico de cabecera, el polideportivo…

-¿Cómo siguen sus vidas luego de haber pasado por un hogar?

-Ellos llegan y vemos el caso. Si existe la posibilidad de restituirlo a su familia de origen, trabajamos con los equipos en orientación. Mientras, les contamos a las autoridades cómo vamos haciendo este proceso. Hay casos en que se logra y en otros se agotan los recursos.

Muchas veces, cuando los chicos llegan al hogar no tienen a nadie. Los juzgados decretan el estado de abandono, por lo cual se empieza un proceso de adaptabilidad donde ya intervienen los equipos de Dirección de Niñez y del Consejo de Derechos.

Nosotros acompañamos a las familias en una pre-guarda, hasta que los nenes puedan estar definitivamente con ellos.

-Eso significa que suelen estar con ustedes por períodos de tiempo largos.

-Hay chicos que están poco y otros que no, que pasan más tiempo del que quisiéramos por distintos motivos: no hay posibilidades, las autoridades retardan un poco el trabajo… Son caminos muy difíciles.

-Mientras tanto hay una situación personal de ustedes, de comprometerse con ellos y luego tener que dejarlos ir. ¿Cómo se hace para convivir con las llegadas y partidas de tantos niños?

Es difícil. Uno ya está un poco entrenado, hace 15 años trabajo en esto. A veces creo que ya conocí todas las historias, pero al final me sigo sorprendiendo. La mirada que todos los cuidadores y el quipo tienen de los chicos es que son sujetos de derechos y obligaciones (como les decimos a ellos).

Es difícil poder mantener esto del trabajo, no conmoverse y que te toquen estas historias. Pero para nosotros, cuando algún chico se va con su familia de origen o en una adopción, es una enorme alegría, una fiesta.

 

Una mano a tantas manos

Para brindar casa y comida a los 22 nenes de cada hogar, la Asociación Civil tiene un “un mínimo convenio con el Gobierno de la Ciudad” y el resto de los fondos lo obtienen de donaciones. “Salimos a remarla. Tenemos empresas y particulares que nos dan una mano, así como gente que nos conoce hace muchos años y sabe realmente cuáles son nuestras necesidades. La búsqueda de recursos es muy dura”, revela Graciela.

Para el comienzo del ciclo lectivo 2016, están pidiendo la colaboración social para aportar útiles escolares, guardapolvos, zapatillas, mochilas; “todo lo que implica ir al colegio”.

Las donaciones se reciben en Ligüen (Almafuerte 339) o en Marcelino (Treinta y Tres Orientales 2147) de lunes a viernes de 9 a 20 y los sábados de 10 a 13.

 

Graciela Rodríguez

Abogada especialista en derecho de niñez y familia.

Durante muchos años trabajó en la Justicia y luego, junto a un grupo de personas, conformó la Asociación Civil Ligüen, con personería jurídica sin fines de lucro.

Se define como una mujer “dedicada y comprometida con la niñez con derechos vulnerados más allá de los dos hogares, en cualquier ámbito que sea necesario”.

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