El parque que le da nombre al barrio que lo rodea desarrolla una actividad de importante valor social: la colonia para chicos y chicas con diversas discapacidades.

Por Melina Lacoste

Organizado por el Gobierno de la Ciudad y administrado por la Secretaría de Deportes el programa desarrollado en Lacarra 1257, Comuna 9, brinda un espacio de recreación y sociabilización para todas las edades.

Fue en la década del 80 que empezó a funcionar este proyecto y hasta el día de hoy se realiza en 5 parques de la Ciudad: Chacabuco, Sarmiento, Martín Fierro, Ramsay y Avellaneda.

La actividad se realiza todos los sábados entre los meses de abril y noviembre y durante las vacaciones de lunes a viernes, tanto en las dos semanas de invierno como el mes de enero completo. En diciembre, febrero y marzo no hay actividad.

Actualmente concurren alrededor de 75 personas, llegando a casi 130 en la temporada de pileta. El horario es de 10 a 17, aunque hay flexibilidad para aquellos que consideran que 7 horas es mucho tiempo.

Los inscriptos desayunan, almuerzan y meriendan dentro del Parque. Todo lo referido a comida y traslados está cubierto por el Gobierno de la Ciudad y la inscripción se hace en cada sede.

“Es una colonia deportivo-recreativa, los juegos son acordes a las capacidades de cada uno. También hay talleres de danza, teatro y hasta de reciclado”, le contó a AVISPADOS Gabriela Pérez Méndez, la directora de la colonia.

Además, resaltó que una de las principales metas que tienen es estimular a las personas que nacieron con alguna discapacidad o que la adquirieron después.

Al Parque acuden niños y niñas desde los 6 años y no hay tope de edad. Sin embargo, al ser un espacio abierto, recreativo y no terapéutico es necesario cumplir con algunos requisitos: controlar esfínteres, manejar la conducta hacia los otros y hacia ellos mismos y tampoco deben tener intenciones de escaparse.

Para poder hacerlo lo más extensivo posible y que todos los que quieran ir puedan hacerlo hay un período de adaptación de mínimo 5 encuentros en los cuales hacen ir a la familia, se les presenta a los profesores, auxiliares y profesionales que trabajan dentro del programa y a sus compañeros.

“Buscamos que cada uno se tome su tiempo para adaptarse y tomar confianza, que genere unvínculo con sus pares y con los profesores”, explicó Pérez Méndez.

Cabe destacar que la principal función del proyecto es la inclusión: durante el mes de enero la colonia para personas con discapacidad convive dentro del mismo espacio con la colonia convencional.

En este período se desarrollan actividades conjuntas en dónde, por ejemplo, los chicos ciegos les enseñan a los otros cómo actuar cuando se encuentran con una persona no vidente o también se planean juegos entre todos.

“Cuando uno se acerca a personas con discapacidad el mayor beneficiado es aquel que no la tiene porque ve las cosas desde otro lado. A veces por no saber tenemos miedo y nos alejamos de estas situaciones. Hay muchas cosas por aprender”, resaltó Gabriela.

El beneficio de esta práctica entonces es mutuo ya que además aquella persona que tiene discapacidad empieza a sentirse entendido e incluido. Pérez Méndez explicó que en las charlas previas al desarrollo de las actividades inclusivas se trata de nivelarlos: se les explica a los niños y niñas de la colonia convencional que todos comparten los mismos gustos y miedos.

“Lo primero que te llama la atención es lo que falta (la escucha, la visión, el entendimiento) pero cuando vos poder estar ahí y ver lo que ellos pueden, cambiás tu mirada ante la discapacidad. En donde encontraste lo que pueden ahí metés todo tu esfuerzo para potenciarlo”, manifestó Gabriela con profunda emoción y amor por lo que hace desde hace 25 años.

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