A casi dos meses de su partida, Deportivo Español extraña a quien dedicó su vida a los chicos de las inferiores. En esta nota lo recuerdan con afecto su hijo y el ex jugador Lisandro Mendoza.
Por Melina Lacoste
El 10 de junio pasado, una comunicación inesperada le reveló a toda la comunidad del club que Carlos Vidal había fallecido. En las redes y en el velatorio que se hizo en Español, la gente rindió su último homenaje a un ser tan querido.
Oriundo de Villa Lugano, panadero desde siempre, casado con Guillermina y padre de cuatro varones y una mujer, Carlos Vidal era el único argentino de sus ancestros, llegados al país escapando de la guerra.
Desde chico su madre lo llevaba a mirar las actividades que se desarrollaban en el club Deportivo Español, emplazado en el barrio Parque Avellaneda. Sin poder participar de ningún deporte por problemas económicos, igualmente se despertó en él una pasión inexplicable, un amor que lo marcó para siempre.
Ya de grande, Vidal se encargó de darles todo a los chicos de las inferiores, aquellos que venían desde lejos a instalarse en la pensión del Gallego y no tenían nada. No recibía sueldo por su trabajo, el afecto por el club explicaba las cosas.
“Carlos era como un padre para nosotros, me ha llevado a comer a su casa con su familia todos los días, nos compraba los remedios…”, rememoró Mendoza en diálogo con AVISPADOS. Al igual que muchos otros chicos, Lisandro había llegado desde una localidad pequeña, San Nicolás, y aún hoy agradece el trato paternal de Vidal.
Cuando el club estuvo en las malas -administradores fraudulentos lo llevaron a la quiebra-, fue el propio Carlos quien se puso como principal garantía de los chicos del interior, se encargó de llamar a cada uno de los padres para que los dejen en Buenos Aires y les aseguró que a sus hijos no les faltaría nada: ni comida ni techo. Él creía que la principal fuerza del club eran sus pibes.
“Era feliz ayudando al prójimo, ojalá yo pudiera hacer aunque sea un 25 por ciento de todo lo que él ha hecho, es un ejemplo a seguir”, expresó su hijo Matías, entre reflexivo y emocionado.
Además, contó que su padre no sólo ayudaba y daba todo por Español sino que colaboraba con cualquier persona que lo necesitara: los barrenderos, chicos del barrio con pocos recursos, sus amigos, sus empleados, todos recibían siempre una mano, desde un café con facturas hasta una comida en su casa.
Una anécdota vivida juntos marcó especialmente a Matías. Fue cuando organizaron en el club una Copa España con los infantiles. “Los pusimos a jugar en la cancha principal, mi papá y yo nos sentamos a mirarlos. Cuando les di el trofeo, todos los chicos salieron corriendo a abrazarlo”.
Vidal ha puesto plata de su bolsillo para salvar al club y en muchas ocasiones ha sido motivo de discusión con su familia. “Estuvimos muy cerca de fundirnos por su devoción”, contó Matías. Sin embargo, el Gallego fue para él y los suyos una casa.
De carácter fuerte, una persona honesta, que iba de frente y cuando las cosas no eran rectas defendía con uñas y dientes sus convicciones. Un ejemplo, un consejo, una enseñanza: todo esto fue Carlos Vidal.
El velorio fue en los salones de Deportivo Español y la gente no paraba de llegar: la demostración más grande de todo lo que significó Carlos Vidal para los vecinos de Bajo Flores.