La situación de los trabajadores del Zoo de Buenos Aires no cambió nada desde que la administración está en manos del Gobierno. La afirmación de una empleada es rotunda: “No tienen un plan”.

Después de la sanción de la ley en la sesión especial del 7 de diciembre, los diputados convirtieron en Ecoparque el predio de Palermo inaugurado en 1888. La nueva categorización busca mejorar las condiciones de los animales y prohibir la incorporación de ejemplares nuevos.

Sin embargo, la iniciativa no profundiza en la situación de los trabajadores y entre ellos reina el desconocimiento sobre lo que pasará. “El Gobierno con mayor o menor buena intención desembarcó acá y no tiene idea de qué nos ocupamos nosotros, qué necesitan los animales y qué hacer”, le dijo a este medio una empleada que prefirió reservar su identidad.

A propósito de este desconocimiento, los diputados Hernán Rossi y Adrián Camps lograron aprobar el jueves pasado un pedido de informes que apunta a conocer quiénes trabajan para el flamante Ecoparque, cuáles son sus condiciones laborales y qué estímulo perciben por cumplir funciones durante el fin de semana, entre otros puntos.

Según pudo saber Avispados, las problemáticas que afectan a los más de 150 trabajadores que cumplían funciones desde antes del cambio de mando son los bajos salarios, el recorte del ítem de insalubridad en el recibo de sueldo y hasta la propia vida. “Los recintos para los animales no son aptos, entonces ellos están incómodos y nosotros inseguros”, dijo la mujer.

Ni el gremio que los agrupa, Sutecba, ni el canal de diálogo que habían logrado fueron fructíferos. Por eso, la empleada del ex zoo concluye que han sido “ignorados”. “Somos los que trabajamos adentro hace un montón de años y no tenemos ninguna participación en las decisiones de lo que va a pasar acá”, lamenta.

Otra de las preocupaciones que afectan a los empleados es la precaria situación de los ejemplares que habitan el predio. Con frustración, la mujer apunta: “Están hacinados, no tienen recintos aptos, ni la suficiente cantidad de gente que necesitan para su atención. Por más que levantan esa bandera, que haya bienestar animal no es la idea, los animales no le importan a nadie”.

A pesar de que la transformación se hizo en nombre de la protección, la ley sancionada el 7 de diciembre es mucho más flexible que el proyecto original. Por ejemplo, no descarta el traslado de ejemplares a otras instituciones zoológicas, un punto controversial para las organizaciones proteccionistas.

Durante la sesión, el propio Camps llamó “Ecofraude” al proyecto que se terminó aprobando con 38 votos a favor, 8 en contra y 11 abstenciones.

“No sé si esto es un fraude, pero no hay un proyecto, no tienen un plan. Si la promesa era que nosotros y los animales íbamos a estar mejor, sí, es un fraude”, subraya con dolor la trabajadora.

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