Al maestro (y abuelo) Carlín, con cariño

René Roldán, Carlín, cumpliría hoy 93 años. Su amor por Chicago lo convirtió en el primer fotógrafo del club. Acá, el homenaje de su nieto, heredero de ambas pasiones.

Hace más de un siglo atrás, Leopoldo Roldán andaba con su chata negra por las calles de Mataderos. Los vecinos de hoy no reconocerían esos paisajes, tanto ha cambiado el barrio.

La casualidad lo llevó a la zona donde los fundadores de Nueva Chicago discutían qué colores tendría el club. Alguien miró la camioneta. Alguien gritó el destino verdinegro que enorgullece a los hinchas hasta el día de hoy.

Así de cercana era la relación de Chicago con la familia Roldán. El hijo de Leopoldo, René, aprendió desde niño el amor por un cuadro de fútbol, tan suyo como el barrio en el que creció.

Pasada la adolescencia, descubriría su segunda pasión: la fotografía. El dueño del local “Carlín” –que se dedicaba a sacar y revelar fotos- lo había contratado como empleado sin darse cuenta de que estaba trasladando un legado al joven René.

Fue, como se dice, un camino de ida. Desde que supo cómo usar una cámara de fotos, René quiso trabajar en Chicago. No se llevaba ni un mango, pero lo hacía por amor. A veces vendía alguna de las imágenes que él mismo revelaba en el laboratorio amateur que había montado en su casa.

Antes de morir, el dueño de la casa de fotos dejó lo que tenía en manos de su aprendiz: el local y el apodo. René fue, hasta su fallecimiento el 7 de agosto de 2011, conocido como “Carlín”.

Así lo recuerda su nieto Pablo Roldán. En su memoria acumula miles de horas oyendo historias de su abuelo, viéndolo tomar fotos, imitando sus gestos con la cámara, alentando al verdinegro… aprendiendo a ser un apasionado.

Pablo sabe que su abuelo amaba Mataderos. Fue en este barrio donde Carlín inmortalizó en imágenes a los niños con delantal blanco, parejas que daban el sí, y hasta escenas de crímenes a pedido de la Comisaría 42.

A medida que el trabajo aumentaba, el hombre abría más locales. Llegó a tener 3 (uno en Carhué y Avenida de los Corrales y los otros dos en La Matanza) y a pesar del tiempo que le demandaban nunca dejó de seguir a Chicago.

Con Pablo de la mano, pasaba tardes y noches completas en el club. Los días de partido llegaban a las 14 y se iban a las 24. Y cuando el equipo viajaba por el país ambos se alistaban en el micro.

“A veces me tenía que esconder porque no había lugar: juntos recorrimos Tucumán, Rafaela, Mendoza, Entre Ríos, Córdoba…”, rememora Pablo en diálogo con AVISPADOS.

A través de su lente, Carlín congeló momentos y jugadores íconos de Chicago. Pero no fue lo único que le dejó a Mataderos: también fue fundador de la Federación Gaucha porteña, y de la Feria que hoy enorgullece a los vecinos.

Después de repasar la historia, Pablo –hoy fotógrafo- escribe algunas palabras para el hombre que nació el 16 de marzo de 1925. “Carlín fue una persona muy reconocida por su humildad y compromiso con el barrio. Agradecido de haber adoptado su pasión por la fotografía, lo recuerdo con el mejor de los cariños”.

Y firma: “Pablo, su nieto”. Pero corrige: “Bah, su amigo”.