El texto salió en la revista Panorama, que fue recuperada y digitalizada por el Archivo Histórico de Revistas Argentinas, un proyecto conformado por investigadores del CONICET, la UBA y el Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”.
En septiembre de 1967, el periodista Rodolfo Walsh escribió una crónica sobre el día a día de los mataderos, el Mercado de Hacienda y el Frigorífico Lisandro de la Torre en la revista Panorama.
“A cien cuadras del Obelisco, 30 hectáreas de corrales con hombres de a caballo y de cuchillo encierran con una aureola de sangre una de las mayores riquezas del país”, comienza el texto de Walsh.
A lo largo de la crónica describe el funcionamiento del Frigorífico Lisandro de la Torre y el Mercado de Hacienda, solo superado en superficie por el Mercado de Chicago en Estados Unidos, pero con el mayor volumen operativo -20 mil vacunos diarios- del mundo.
Allí trabajaban más de siete mil personas y todas vívian y envejecían en el barrio, según cuenta el periodista.
“Quinientos camiones descargan diariamente 20 mil animales en los muelles que dan a la avenida del Trabajo. Vienen de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, La Pampa. En la madrugada la enorme tropa de todas las razas y pelajes humea, muge, huele. Recibir el ganado en los muelles, conducirlo al corral del consignatario que ha de subastarlo, no dejar que las tropas se mezclen, pesar y pesar a prueba: es un trabajo sencillo, para la gente que está acostumbrada”. Así iniciaban los días en el barrio mataderense.
Un barrio donde se unía la ciudad del asfalto y el campo, donde se encontraban el hombre de a caballo y el de cuchillo. Orgullosos de llamarse reseros, desde los patrones millonarios hasta los simples mensuales y los ingleses que le compraban a los frigoríficos.
“El resero se salvó, aunque no en el monumento de bronce que contempla con ceguera la Avenida de los Corrales, no en las monedas de diez pesos que lo muestran, el caballo al paso, el poncho arrugado y desteñido por las lluvias y los soles. Mireló, si tiene la moneda: ese hombre traía un arreo, y las últimas tropas que llegaron por arreo han de ser del 35 según los memoriosos, según son Carlos Matteri, mayordomo del Mercado, cuyo padre fue mayordomo del Mercado, cuyo abuelo fue mayordomo del Mercado, y que nació aquí mismo en la Recova. Después vinieron los camiones.
Se salvó, aunque a medias, en esas treinta hectáreas que al fin apenas dan para un galope (…) Pasan criollos nuevos y viejos de poncho y de sombrero oscuro, chiquilines de blue-jeans y chaquetas de cuero, indescriptos sombreros tejanos y hasta guardapolvos de almacenero. Debajo hay un recado, a veces una silla, y debajo hay un caballo, y por delante hay un trabajo”.
En medio de la crónica también se encuentran algunos personajes históricos, como Justo Suárez, quien comenzó como mucanguero recogiendo desperdicios de sebo y tripa que tiraban los desolladores para luego venderlos.
“Las trompadas que dio y el amor desgraciado y el derrumbe de su vida siguen imborrables en la memoria de las gentes.
-Lo estoy viendo -dice desde lo alto de su caballo, Florencio Novoa-, un muchachito descalzo, antes de ser lo que fue, que todos saben qué fue, y para nosotros sigue siendo”.
Otros lo recuerdan “haciendo guante” en el Coraje Bosindú, midiéndose con su hermano El Molino y después en la hora de su triunfo, “cuando paró frente a la Recova del Mataderos en un auto, que parecía un incendio porque era todo colorado”.
Además de fechas y cifras históricas, Walsh contó, con pintorescos y a la vez crudos detalles, un barrio nacido entre la sangre y trabajo duro.
Describió la calle Tellier (hoy Avenida Lisandro de la Torre) como el frente antiguo, pudiente y orgulloso de Mataderos, una avenida ancha y arbolada. A Murguiondo como la espalda, una sugestión de pampa en el paisaje chato y gris, salpicado de triperias, fábricas de jabón, saladeros, curtiembres, pequeños frigoríficos.
Y Rodó mostraba la mole del Lisandro (el frigorífico), siempre coronada de humo graso, maloliente. Alrededor estaba el barrio, quieto en su aura bravía.
“-La gente envejece acá. Y si acaso se ubica mejor en otro sitio, vuelve cuando puede.
¿Por qué? Es difícil de explicar. Difícil que lo explique este peón de limpieza que gana veinte mil pesos al mes por un trabajo que -admite- nadie elige por su gusto. Difícil que lo explique incluso un matambrero, máximo artesano, que puede llegar a cuarenta mil, mientras le dure la cintura. Pero se quedan, y se heredan en el oficio de padres a hijos, y se conocen por los motes que se pusieron desde chicos -Berija, El Chiche, el Poroto, el Toruno- “y cuando se prende un fuego y se juntan seis -dice Florencio Novoa- si cuatro no son cantores y guitarreros, son los seis”.
Así que algo ha de haber, algo que tal vez no entienda del todo el hombre del centro que, desde Esteban Echeverría para acá, proyectó en el hombre del cuchillo del suburbio, prevenciones de violencia y de sangre que se disuelven apenas uno se para a conversar con él”.
Sobre el proyecto
La revista Panorama, donde se publicó la crónica, puede verse completa a través de la web gracias al trabajo del Archivo Histórico de Revistas Argentinas (Ahira).
Este es un proyecto que agrupa a investigadores de letras, historia y ciencias de la comunicación, que estudia la historia de las revistas argentinas en el siglo veinte; las trayectorias de quienes las dirigieron, las escribieron e ilustraron; los debates que atravesaron sus páginas; los cruces y diálogos con el periodismo de masas, la literatura, los programas políticos, los lectores y los escritores.
La iniciativa es financiada por subsidios de la Universidad de Buenos Aires y de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, radicados en el Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.
Ahira pone a disposición libre y gratuita para todas y todos, colecciones digitalizadas de revistas y publicaciones periódicas, con sus índices completos, y el acceso a los artículos críticos que las tienen como referencia. El sitio está en permanente actualización porque siguen agregando nuevos elementos.
El objetivo es contribuir al conocimiento de las revistas y a la ampliación de los estudios sobre literatura argentina, historia cultural, periodismo y artes gráficas, a través de la puesta a disposición de material de difícil acceso, que se conserva exclusivamente en papel o en microfilm en algunas hemerotecas.
