Liniers: buscan condecorar el mural de la Plaza Isidora

Legisladores de Unidad Ciudadana presentaron un proyecto para declarar de interés cultural y para la promoción y defensa de los Derechos Humanos la obra ubicada en Caaguazú y Larrazábal, una iniciativa de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Liniers, Mataderos y Villa Luro.

Los autores del proyecto son María Conde y Leandro Santoro, quienes argumentaron que el mural pretende “recuperar las distintas historias para devolverlas al barrio”.

En el texto explicaron: “En julio de 2017 la Comisión inició una denuncia ante el Gobierno porteño por la instalación de un obrador en la plaza Isidora (Liniers, Comuna 9) y como consecuencia de estos reclamos, la empresa reparó la pared donde existía el mural y donó pintura y pinceles para su reparación”.

A partir de ese momento comenzó el trabajo de recomposición, llevada a cabo por Muralistas Argentinos Contemporáneos (MAC), uno de los grupos más destacados del país. La obra pictórica terminada se inaugurará el próximo sábado 27.

 

“Nuestra búsqueda es interpelar a otros”

 

La Comisión por la Memoria de Liniers, Mataderos y Villa Luro fue fundada en 1996 por un grupo de militantes políticos de la zona que consideraron que era el momento de que los actos que se hacían en Plaza de Mayo fueran a los barrios. Es la primera Comisión barrial de la Ciudad y muchos de sus integrantes fueron amigos de detenidos-desaparecidos, o de sus familiares.

Juan Carlos Iturrioz, uno de los miembros de la organización, habló con AVISADOS sobre el funcionamiento de la Comisión y su vínculo con la militancia política y social.

-¿Cómo fueron los primeros pasos de la Comisión?

-Se fundó en el peor momento, durante el menemismo, momento de retroceso social, del sálvese quien pueda, del individualismo más acérrimo que hayamos visto (mucho más que en la actualidad), de derrota. En ese contexto la decisión de fundar una agrupación de Derechos Humanos resultó importante.

A partir de ahí tomamos los nombres de desaparecidos de los barrios y empezamos a revisar las historias. Eso es muy importante porque al mismo tiempo rehacemos nuestra propia historia y empezamos a encontrarnos con nuestros propios aciertos y errores. Es parte de una reconstrucción social.

-¿Cómo se sostuvo el trabajo luego?

-Hubo una incorporación muy grande de hijos y sobrinos de personas desaparecidas del barrio. Ahí la Comisión pega un salto muy importante porque esta gente fue capaz de hacer las historias de sus tíos y de sus padres, cosa que nosotros no podíamos… Lo podríamos relatar, pero llegar a escribirlo es muy difícil.

De esa forma nació el libro con las vidas de los desaparecidos, que se hizo con las familias, fue muy sanador para ellos. Se hicieron talleres para armar las historias y en muchos casos hemos encontrado, y nos seguimos encontrando, con que la familia no ha hablado de esto. Su sistema de protección fue muchas veces no hablar, por lo tanto no retransmitir.

Entonces nos encontramos con que vienen los abuelos y los hermanos que no les han transmitido a sus hijos y sobrinos quiénes eran, qué hacían. O nos encontramos con que tienen versiones diferentes: la madre que dice “eran buenos chicos, venían a charlar y yo les hacía café con leche a la mañana”, y el compañero de militancia que cuenta “en la pieza de atrás teníamos la armería”. Estas son las historias cruzadas que se van dando y que también son muy importantes.

-¿Cuántas historias pudieron encontrar hasta ahora?

-Nosotros empezamos con 35 nombres y ya estamos en 77. Y estamos estudiando 4 más. Por eso no puede haber una discusión de si fueron 30 mil o 9 mil los desaparecidos: en todas las organizaciones de Derechos Humanos, especialmente en organizaciones de base, todos los años nos llegan nuevos nombres y nuevas denuncias que no están en la CONADEP. Eso requiere de un estudio de 1 o 2 años para ver si el dato es fidedigno. No está en los archivos, viene la gente y te los cuenta.

Por ejemplo, estuvimos 15 años atrás de una historia: en tal lugar se escucharon gritos, tiros y llantos de bebé y por 15 años no supimos quienes eran los que se habían llevado o quienes eran esos bebés. Hasta que apareció un compañero de militancia y nos contó que ahí habían muerto dos personas que pertenecían a Poder Obrero y que estuvieron detenidos en Córdoba.

Ni que hablar de gente que ha estado 4 o 5 horas detenida y que nunca se consideraron víctimas, o gente a la que le han expropiado la casa, que la apretaron para que fuera a una escribanía y le diera su casa a un represor. Fue y sigue siendo tan traumático que en muchos casos no se ha denunciado.

Uno no sabe si es importante lo que le pasó o no como para ir a denunciarlo, pero en el contexto barrial es diferente…Sucede que con el vecino que te encontrás, que conocés de la cooperadora de la escuela o del supermercado se crea un sistema de confianza que hace que con el tiempo estas cosas vayan apareciendo.

-Colocaron varias baldosas con los nombres de los detenidos-desaparecidos en los barrios, ¿siguen haciéndolo?

-Sí, este año pusimos en el Nacional 13, un trabajo en común con los docentes y lo alumnos. El año pasado repusimos la del Comercial 32, y ahora estamos trabajando  porque los alumnos del Comercial 8 estaban buscando un profesor desaparecido que nosotros no tenemos registrado.

Así vamos trabajando con muchas escuelas. Cuando buscan y se preguntan “¿acá no pasó nada?”, desde la comisión les decimos que sí pasó. Tenemos las historias, los familiares. Ese es el trabajo cotidiano que hacemos.

-¿Cómo es la relación de la comisión con los vecinos?

-Nosotros somos vecinos y llegamos al barrio sobre hombros de gigantes: la lucha de las organizaciones de los Derechos Humanos en Argentina. A nosotros nos tocó la parte más grata como contar historias, hacer actos de homenaje…

Tomamos dimensión de lo que hacíamos cuando, por los juicios, nos vinieron a buscar por las historias que nosotros habíamos realizado. Ahí tomamos un poco más de conciencia de que nuestra labor tenía un impacto institucional grande.

La relación con los vecinos siempre fue buena aunque a veces nos peleamos con algunos. De hecho con el mural, algunos nos vinieron a patotear, nos hicieron una denuncia.

Hay un grupo de vecinos reaccionarios como en todos lados… Hemos afrontado dictaduras, discutir con un vecino no nos saca el sueño. Al contrario, nos gusta interpelarlos, es lo que hacemos. Hemos puesto baldosones en casas donde los frentistas no estaban de acuerdo y hemos librado debates muy fuertes.

Nuestra búsqueda es interpelar a otros que son más permeables a los discursos reaccionarios que hoy están en boga (a los que denominamos “de los dos demonios recargados”). Aparecen discusiones de si la cifra en 30 mil o no y hasta se dijo que los Derechos Humanos eran un curro, cuando la mayor parte de nuestra militancia política y social jamás recibió nada de ningún Gobierno.

-¿Y cómo es su relación como organización de Derechos Humanos con el Gobierno?

-Algunas organizaciones empezaron a recibir hace 10 años algún apoyo oficial, pero normalmente somos reacios porque permanentemente tenemos que denunciar violencias de Estado, sea el Gobierno que fuere, aún el kirchnerista que fue el que más trabajó sobre políticas de Derechos Humanos.

Si nos parece necesario, denunciamos, decimos “mirá, nos oponemos a la Ley Antiterrorista, porque nos parece algo perjudicial”. Tampoco hemos dejado de denunciar lo de Luciano Arruga, y los asesinados por el gatillo fácil en Argentina.

Por eso se llevaron una sorpresa, porque ellos se creyeron que si cortaban el dinero para la ex ESMA se derrumbaban las organizaciones de Derechos Humanos y esas organizaciones no se desarman por tener un Estado que los apoya o no. Ojo, nosotros pedimos que los Estados nos apoyen porque creemos que las políticas de Derechos Humanos tienen que ser llevadas adelante por Estados, pero de ninguna manera nos quedamos en el reclamo. Reclamamos, exigimos y hacemos.

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