Se habían mudado hacía dos meses a un departamento de Pieres entre Chascomús y Rodó. Una membrana recalentada inició el fuego que arrasó con todo. Reciben donaciones.
El lunes 26 de febrero Silvana Santana regresaba casi a las 20 de hacer unas compras en la Avenida Alberdi. Al doblar la esquina vio humo negro y fuego saliendo de su propia casa en Pieres 1652.
Llegó corriendo hasta la puerta donde pudo comprobar que su pareja y el padre de su hija –las únicas dos personas que estaban en la vivienda en el momento del incendio- estaban a salvo en la calle.
“Me mandé para adentro para tratar de sacar a los animales, pero tuve que volver a salir: la casa ardía y no podías respirar”, rememoró Silvana en diálogo con AVISPADOS. Al final, sus dos perras salieron por sus propios medios y los bomberos rescataron con vida a sus 4 gatos y a la tortuga.
Esa tarde noche los hombres habían estado colocando membrana para aislar el techo, ya que los días de lluvia el agua ingresaba. Según pudieron reconstruir, la membrana se habría recalentado y un segmento derretido con fuego prendió el producto que habían puesto en la chapa.
Ambos sufrieron quemaduras en las manos tratando de apagar las llamas y uno de ellos se fracturó la pierna. “Trataron de salvar lo que pudieron, pero fueron segundos”, se lamentó la mujer.
El incendio se propagó por un entrepiso de madera que aprovechaban como habitación para guardar electrodomésticos y ropa de cama, entre otras cosas. Como la casa no tenía conexión de gas, recientemente habían comprado artefactos de cocina que también perdieron.
Además, se quemó el lavadero (con lavarropas, Kohinoor y termotanque incluidos) y el dormitorio de Silvana, con su ropa, cama e indumentaria deportiva que necesitaba para trabajar como profesora de indoor.
“Nos hace falta de todo”, resumió Santana. Aún muy conmovida, enumeró aquellos elementos que les serían muy útiles: sábanas, frazadas, almohadas, acolchados, toallas, toallones, ropa talle M de mujer y hombre y XXL de hombre, zapatillas para hacer deporte, calzado 37/38 y de hombre 41 y 44.
Las donaciones pueden alcanzarse hasta la casa y Silvana promete devolverlas o llevarlas a la iglesia si no les dan utilidad. “La gente no deja de sorprenderme y asombrarme por el amor, el cariño y el apoyo. Los vecinos son familia y la firma Vacalín nos está ayudando”, agradeció.
Aunque reconoció que lo más importante es que su familia y sus mascotas estén vivos, no deja de lamentar la pérdida de los recuerdos, las fotos y los objetos que había podido comprarse trabajando duramente.