Por Alejandro Bodart, dirigente del MST en Izquierda al Frente

Los resultados de las elecciones legislativas del domingo 13 de agosto permiten abrir varios interrogantes y reflexiones.

A trazo grueso, y estando aún pendiente el cómputo definitivo de la Provincia de Buenos Aires, se expresó un avance conservador y el gobierno nacional de Cambiemos sale fortalecido. El macrismo polarizó alrededor del tema corrupción, logrando camuflar sus propios Panamá Papers y negocios con Odebrecht.

Es evidente que Macri ha logrado convencer de su proyecto a un sector social y además lo favorece la complicidad de la “oposición” política, que en el Congreso le ha votado sus principales leyes, y también de la burocracia sindical, que aísla o entrega los reclamos sociales.

Por su parte, Cristina Fernández de Kirchner y su espacio no lograron el resultado categórico que esperaban y a nivel nacional el PJ más bien avanza en un curso de disgregación. Los votos obtenidos expresan en buena medida un castigo al gobierno macrista por el ajuste, los despidos y el deterioro general de la situación económica.

Las terceras fuerzas como Massa en Provincia o Lousteau en Capital no se destacaron, porque en esencia su proyecto es muy similar al del oficialismo.

En cuanto a la votación de la izquierda, se expresa cierto estancamiento. Si bien pasó el piso, con sus números actuales el FIT no logra renovar las tres bancas de diputados salientes. Tienen la responsabilidad política por ese parate porque siguen rechazando la unidad de toda la izquierda, más necesaria que nunca en esta situación nacional tan difícil.

Nosotros con Izquierda al Frente tuvimos un resultado muy modesto: no logramos pasar el piso en Capital y Buenos Aires, pero en cambio sí -como frente y como MST- lo superamos en 12 provincias y seguimos en campaña hacia octubre. Agradecemos a todos nuestros votantes y mantenemos nuestra lucha por los derechos de los trabajadores, las mujeres y los jóvenes.

De todos modos, las PASO han demostrado que sólo sirven como una barrera proscriptiva para fuerzas políticas emergentes como la nuestra. Fueron creadas para encauzar las crisis de los partidos tradicionales, pero resulta que ni Macri ni Cristina las quisieron utilizar. Encima costaron al Estado nada menos que 2.800 millones pesos, fondos públicos que bien se podrían haber destinado a salud, educación y otras necesidades sociales urgentes.

Los tiempos que se vienen no pintan fáciles. El gobierno macrista sale tonificado para avanzar en sus planes, que incluyen más ajuste, más flexibilización laboral y más apertura del país a las corporaciones. Como siempre, habrá que resistirlo con unidad y movilización. Y seguir batallando para construir una alternativa de izquierda unitaria y amplia, condición insoslayable si realmente queremos ir por cambios de fondo. Mi compromiso es continuar trabajando en ese camino.

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