Por Cecilia Bona, editora de Avispados.com.ar

“El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes”. La frase extraída de la Constitución toma otra relevancia a un mes de las PASO legislativas.

¿Qué se vota? ¿A quién se vota? ¿Qué segmentos tendrá la boleta? ¿Qué pasa si no ponemos nada en el sobre? A pesar de tantas preguntas, no todo ciudadano mayor de 16 años habilitado para votar puede responderlas.

No es objetivo de este artículo indagar en los motivos de la escasa instrucción cívica que se percibe en la Argentina. Podemos aventurar que la ineficaz educación, la confusión promovida por los partidos políticos y el desinterés atentan contra el correcto aprovechamiento de la herramienta democrática que nos reservó la Carta Magna: el voto.

Es tiempo de reflexionar sobre el rol de las elecciones parlamentarias, denominadas casi de forma peyorativa como “de medio tiempo”. En esta ocasión, lo que está en juego son bancas en todos los estratos del Poder Legislativo según los distritos.

Como votante, no es lo mismo tener que seleccionar una figura y su acompañante como las máximas autoridades nacionales, que tomar un papel donde están escritos más de 30 nombres, la mayoría ignotos e introducirlo en la urna.

¿Cómo votar de forma inteligente, entonces? ¿A quiénes colocar en las sillas del poder? ¿Quién hará las veces de nosotros cuando jure por la Patria, Dios y los Santos Evangelios?

El secreto en las elecciones legislativas está en la calidad y no en la cantidad. Los parlamentos (el Congreso, la Legislatura y los Concejos Deliberantes, por ejemplo) son cuerpos integrados por representantes de distintos partidos.

El análisis del trabajo de estos organismos indica que su riqueza se basa en la diversidad. En términos sencillos: si las bancas son de un solo color, no habrá variedad de miradas; sin variedad de miradas, no habrá distintas ideas; sin distintas ideas, no habrá representación real.

Los partidos pretenden consolidar su poder político echando raíces en el Poder Legislativo. Lejos de lo que creen los ciudadanos, ayudar a robustecer mayorías termina con el objetivo de los parlamentos: la negociación. (A no confundir el término “negociación” con pacto espurio, corrupción y sobres bajo la mesa).

Si los electores votan colores sin pensar en la importancia de la pluralidad y el peligro de las mayorías, lejos de favorecerse a sí mismos, estarán beneficiando a funcionarios que podrían proponer cualquier idea (disparatada o no) y tenerla aprobada sin ningún tipo de discusión.

El debate fortalece. Aprovechar las herramientas democráticas vigentes, también.

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