Por Ema Cibotti (@emacibotti), fundadora y presidenta de la Asociación civil contra la violencia vial (ACTIVVAS)

Toda reflexión que interpele a la Justicia, no puede ser sino dolorosa para los familiares de las víctimas de la violencia vial. Aunque por cierto, no cabe duda que el dolor mayor, insuperable, es la perdida imposible de imaginar de un ser amado, de un hijo, y por eso la memoria por él es lo primero que exigimos siempre.

El 18 de junio pasado Emanuel, Ema, el hijo amado de Silvana y Marcos, nos reunió para acompañar a sus padres cuando se cumplieron dos años de su muerte. Hicimos Memoria al pie de la estrella amarilla, nuestra señal de advertencia, la que elegimos para honrar a las víctimas de tránsito.

Sus padres ya habían buscado la Verdad. Denodadamente.

Desgraciadamente es habitual que las autoridades policiales y judiciales, nos pidan que aportemos pruebas materiales. Y así hizo Silvana, y Marcos la acompañó. Ambos saben que estas son funciones indelegables del Estado, pero la experiencia les enseñó que las autoridades no las cumplen, y que a menudo hacen exactamente lo contrario.

A poco de andar todos nos hemos preguntado y respondido lo mismo: ¿quién representa a nuestro hijo, a la víctima, en el sistema judicial?: en rigor nadie.

Si eso sucede con las víctimas de crímenes dolosos es fácil imaginar por qué las víctimas de homicidios culposos se hayan tanto más desamparadas. Simplemente porque –nos dicen las autoridades- se trata de hechos culposos, no intencionales.

Pero, en ACTIVVAS sostenemos que cruzar una luz roja, superar la velocidad permitida, manejar alcoholizado o transgredir las normas de tránsito, no son meros accidentes. Claro que no. No son hechos inevitables, fortuitos, azarosos, fatalidades del destino, No. Son acciones de personas violentas al volante que desprecian la vida de los demás. Conductas negligentes, imprudentes, que resumen lo que definimos como violencia vial.

Esa es la clase de personas que han matado a nuestros hijos. Esa es la clase de persona que cruzó en rojo y embistió a Ema. Nunca se arrepienten, no entienden lo que es la compasión ni la empatía con el dolor humano. Y cómo lo sabemos. Simplemente por la reacción que tienen después del hecho. Solo se preocupan por el estado de sus vehículos y/o escapan del lugar y siempre insisten en victimizarse. Pero quién los conoce sabe que era corriente que incumplieran todas las normas viales. Son conductores agresivos en el tránsito. Los ves frenar de golpe, salir quemando gomas, los ves en la calle haciendo maniobras peligrosas.

Ya lo habían hecho antes, por eso nunca se trata de un hecho accidental.

La inseguridad vial, es un flagelo que golpea a todas las sociedades del mundo. Por ello, muchos Estados están modificando sus legislaciones para proteger a sus ciudadanos, pues el bien que se protege es un derecho fundamental, un derecho humano. El derecho a la vida y a la movilidad segura son derechos que están fuertemente afectados cuando existe inequidad en una sociedad, es decir, cuando los usuarios más vulnerables de la vía: peatones (generalmente los más pobres), ciclistas y motociclistas, quedan a merced de la impunidad vial.

Esa deuda legislativa, que también es preventiva, es la que nuestro poder público no ha cancelado aún. El año pasado se votó una ley 27347 que no cumple aún con el mínimo rigor para disuadir realmente las conductas viales violentas.

Mientras esperamos que se vote una verdadera ley penal vial, no dejaremos de reclamar Memoria, Verdad y Justicia por nuestros seres amados siempre presentes en nuestros corazones.

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