El próximo jueves se estrena su documental “30 horas” sobre la violencia de género en la Argentina. En diálogo con Avispados, Perdomo reconocido que la idea era no ahondar en el golpe bajo, sino “mostrar las herramientas con las cuales cuenta una mujer para salir del círculo” del maltrato.
En el país, una mujer muere cada 30 horas víctima de violencia de género. La estadística cayó en 2013 en manos de la documentalista Alejandra Perdomo quien, atravesada por las vidas perdidas, decidió transformar la frialdad numérica en rostros e historias.
-¿Cómo surgió la idea?
–La motivación fue la realidad: la cantidad de femicidios que nos están atravesando día a día. La idea del documental no era quedarnos solamente con el reflejo de la realidad y la denuncia, sino también mostrar las herramientas con las cuales cuenta una mujer para salir del círculo de la violencia: los trabajos que realiza la línea 137, las trabajadoras sociales, los abogados, la Justicia que asiste a las víctimas y que les brinda instrumentos (como lo hace el doctor Julio César Torrada, presidente del Instituto Wanda Taddei).
El femicidio de Wanda Taddei (2010) fue, en definitiva, lo que nos conmovió como sociedad y nos puso frente a esta realidad. Sus padres no se quedaron en el dolor y pudieron traspasarlo y ponerse a trabajar para que no siga habiendo muertes.
-¿En qué año empezaste a pensar la idea?
-Creo que inconscientemente en 2013. Empecé a guardar material, informes… La otra vez una periodista me preguntaba si había arrancado con el “#NiUnaMenos”, pero no. Ya habíamos comenzado antes inclusive con trabajo de campo y previamente habíamos grabado escenas.
-Imagino que en todo momento se trabaja con las emociones a flor de piel. ¿Cómo fue la producción de este documental para vos?
-Como todos los trabajos que hago, lo considero una mirada muy personal: lo que a mí me pasa con la violencia. Fue difícil en cuanto a cómo pararnos para no caer en el dramatismo. No comunicar como muchos medios que se quedan con el hecho en sí, la cosa amarilla. Aprendí mucho, quisimos que no haya golpes bajos.
Muchos de estos femicidios los hemos conocido a través de las noticias. Se trataba de intentar construir un poco de memoria de esas mujeres que murieron y quedarnos con la mirada valiente: los padres de Wanda, la mamá de Ángeles Rawson, la mamá de Julieta Mena, se han puesto a construir para trabajar al rescate de otras mujeres. El documental es desde ese lugar.
Cuando los protagonistas la vieron por primera vez me dijeron que se habían sentido muy respetados y eso para mí es lo más importante.
-¿Cómo es el resultado final? ¿Qué veremos?
– Tiene un mensaje que, en 73 minutos, sintetiza herramientas y ayuda a orientar a quienes están en una relación y perciben señales de alerta que indican el comportamiento del violento.
Hay entrevistas, registros directo, archivo, están las marchas, las manifestaciones de Ni Una Menos o la eliminación de la violencia contra la mujer.
¿Cuál es, según tu opinión, el aporte que puede hacerle el lenguaje audiovisual a la difusión de la problemática?
Es un trabajo que tiene que apuntar a los jóvenes, a los adolescentes para empezar a trabajar en generaciones futuras. Venimos de siglos de patriarcado, de haber sido criados en hogares con un pensamiento muy machista. Hay que empezar a cambiar esos patrones.
Desde lo audiovisual se puede contribuir a visibilizar y a brindar herramientas. Que sea disparador: a través de una película o un trailer se despierte la curiosidad y se presente atención para saber que se puede buscar caminos que lleven a salir de la violencia.