¿Es la carne un elemento tan fundamental en nuestra dieta que si un virus afectara a todos los animales empezaríamos a comernos entre nosotros?

Esa pregunta rondará a los lectores durante el tiempo que dure entre sus manos “Cadáver exquisito”, el libro de Agustina Bazterrica galardonado con el Premio Clarín Novela 2017 y publicado por Alfaguara hace un mes.

En esta historia, la supuesta enfermedad que padece tanto el ganado como los animales domésticos y la fauna salvaje obliga a las autoridades a acabar con ellos.

Sin embargo, la insaciable necesidad de consumir carne empuja los límites y las convenciones a franjas inimaginables: el ser humano aprovecha los circuitos de faena ya existentes para criar, matar y comercializar cuerpos de otros seres humanos reducidos bajo el término “cabezas” (como las vacas, digamos).

Marcos Trejo cumple una importante tarea dentro del frigorífico que lo emplea. A pesar de no compartir el gusto por comer personas con cuchillo y tenedor o masticar brochettes de ojos, acepta y promueve esa actividad económica.

Afectado emocionalmente por la muerte de su hijo, el día a día de Marcos pronto se trastocará cuando reciba de regalo una cabeza doméstica en pie (viva, digamos) para consumo personal.

“Cadáver exquisito” es el boleto que no quisimos comprar con acceso directo a la vidriera de verdades tan crueles como reales. Es una excelente novela de consumo veloz (eso dependerá de lo perturbable que sea el lector) que generará consecuencias profundas en quienes estén dispuestos a cuestionar nuestro sistema de vida.

Es que el texto no sólo tiene que ver con matar, cocinar y comerse a otro de la misma especie sino con encerrar, alejar, marginar y discriminar sin prurito a otros de la misma especie. Y eso ya sucede, asemos o no su pernil para cenar.