El encuentro es organizado por la Junta de Estudios Históricos de Liniers y se realizará por Zoom.
Hoy, a partir de las 16, se llevará a cabo la recorrida virtual por el barrio de las Mil Casitas de Liniers, a través de la plataforma de videoconferencias Zoom, debido al actual contexto de aislamiento social, preventivo y obligatorio.
El encuentro es gratuito pero requiere inscripción previa. Constará de siete paradas: Partiendo de la parroquia Nuestra Señora de las Nieves en Ventura Bosch y Martiniano Leguizamón, pasa por la ex fábrica de jabones Guereño de la calle Tonelero, luego llega a las cinco esquinas linderas a la biblioteca José Hernández, el pasaje Las Bases, la decana Corporación Sarmiento en Timoteo Gordillo al 400, la casa del escritor Elías Castelnuovo (que hoy es un centro cultural con nombre homónimo), la esquina donde se fundó el mítico club de rugby “Beromama”, y concluye en la plaza Sarmiento, el pulmón verde de las Mil Casitas ubicado en Cosquín y Tuyutí, con la lectura de textos y poemas de escritores locales.
Para más información o para inscribirse, se debe enviar un mail a jtahistorialiniers@yahoo.com.ar o juntadeliniers@gmail.com.
El barrio de las Mil Casitas*
En la década del ‘20, con el crecimiento del tendido ferroviario y la necesidad de contar con más personal trabajando en los Talleres del Ferrocarril, las autoridades porteñas y la Compañía de Construcciones Modernas comenzaron la construcción de casas de dos plantas, que las familias iban pagando en cuotas accesibles.
Las casitas medían 8,66 de frente por 8.66 metros de largo. Con dos habitaciones y dos baños, en dos plantas, todas con el mismo croquis. Se caracterizaban por tener ventanas altas y alargadas, puertas finitas, y un entrepiso que servía como baulera.
Hasta ese momento, gran parte de Liniers era campo y la mayor parte de la actividad se desarrollaba para el lado de Lisandro de la Torre y Rivadavia. Una primera etapa de las obras de los que conformaría el barrio de las Mil Casitas fue en las calles Ramón Falcón, Carhué, Cosquín e Ibarrola. Luego se extendieron hasta Boquerón.
Eran tiempos de la llamada Comisión Nacional de Casas Baratas, una institución pública que surgió a comienzos del siglo XX en Buenos Aires con la intención de ofrecer soluciones habitacionales para familias en una ciudad en plena expansión.
Según registros de la época, la Compañía de Construcciones Modernas tomó en cuenta tres principios: exigió disciplina en la disposición en planta de las construcciones, por lo que se adoptó la edificación en fajas consultando la mejor orientación; se edificó “en serie” y con elementos standard para igualar el costo de las construcciones y se organizó en parcelas de terrenos amplias, con estructuras simples.
Al comienzo recibieron tantas solicitudes de compra que se resolvió adjudicar las casas a través de sorteos especiales en los que intervenían algunas autoridades y un escribano público. La comisión a cargo de esta distribución se denominó “Comisión de Casas Baratas”, por lo que pronto se conocería a la zona como “las mil casitas baratas”.
En los años 60 los vecinos del barrio comenzaron a reformar sus casas. Ampliaban las ventanas, pintaban las fachadas o cultivaban enredaderas para diferenciarlas de las casas vecinas. También se realizaron reformas más estructurales, como el techado, la ampliación de terrazas y, con la llegada masiva de los automóviles, se optó por transformar en garajes muchos de los livings de la planta baja.
En la actualidad, quedan pocas construcciones ciento por ciento originales en “Las Mil Casitas”. Sin embargo, al transitar por la zona se nota perfectamente que las viviendas siguen una misma matriz de construcción y siguen cobijando a gente trabajadora de clase media que, como aquellos primeros moradores, cumplen el sueño del techo propio.
*Fuente: GCBA y Nelly Pareja, docente y miembro de la Junta de Estudios Históricos del barrio de Liniers, para Infobae.
