Andrea Blanco supo que tenía leucemia al día siguiente de llegar al hospital por una severa hemorragia. El transplante de médula ósea la salvó y asegura: “Tengo muchísimos motivos para pelear y seguir viviendo”.

Cuando en 2013 Andrea Blanco comenzó a ser tratada por la leucemia mieloblástica aguda que padecía, hacía casi 30 años del primer transplante de médula ósea en la Argentina.

Su recuperación, contada en esta entrevista con Avispados, la motivó a promover diversos proyectos en la Legislatura –donde trabaja como asesora de Carmen Polledo (PRO)- para concientizar a la población sobre la importancia de ser donante de médula ósea.

En pocas horas, Andrea participará del acto que encabezará el diputado oficialista José Luis Acevedo para declarar el beneplácito del Parlamento porteño al cumplirse tres décadas desde aquel 13 de septiembre de 1986, cuando el Hospital Británico de Buenos Aires lograba el primer transplante de médula ósea.

Del evento, participarán asimismo representantes del Hospital Naval, cuyos médicos también realizaron un transplante en 1986.

 

La propia Andrea no lo hubiera previsto: el mismo doctor que hizo el primer tratamiento en la Argentina fue el que llevó adelante su proceso. Eduardo Bullorsky (quien también será homenajeado en el acto de hoy) desarrolló sobre ella la técnica del autotransplante cuando se descubrió que su hermana no era compatible.

“Por el tipo de leucemia que resultó ser, decidieron que la forma de garantizarme el mayor porcentaje de curación era haciéndome el transplante de médula. Se hizo un análisis de compatibilidad con mi hermana (porque en general son ellos quienes tienen mayor chance de ser compatibles), y no lo era. Como yo estaba físicamente bien, podía hacerme un autotransplante”, rememora Andrea algunos años después.

-¿Cuándo resulta necesario hacer un transplante de médula?

-No puedo responder como médica, sólo por haberlo atravesado. Pero en algunos casos de leucemia, mielomas, linfomas… Se realiza cuando los otros tratamientos no tienen posibilidades de curación. Es una alternativa muy importante y valiosa porque permite curación.

-¿Cómo comenzó tu caso?

-El 15 de enero de 2013 ingresé al hospital Británico con una hemorragia grande de causa desconocida. Fui al servicio de ginecología y me atendieron con mucho criterio, ya que en vez de medicarme la doctora me hizo un análisis de sangre y me dijo que no podía volver a mi casa porque tenía muy poquitas plaquetas, glóbulos blancos y rojos.

Con mi médico clínico, decidieron que me quedara internada esa noche para hacerme una punción de médula a la mañana siguiente. Fue entonces cuando me dieron el diagnóstico de la enfermedad que yo tenía: leucemia mieloblástica aguda.

Ese mismo día empecé la quimioterapia. Estuve internada unos días y después seguí el tratamiento de manera ambulatoria en mi casa, me internaba solamente para hacer la quimioterapia y volvía, salvo cuando tenía complicaciones propias de las leucemias, como infecciones o problemas respiratorios.

-¿Fue entonces cuando se produjo el transplante?

-Después del proceso de quimioterapia, estimularon mi médula, recolectaron células madre (llamadas hematopoyéticas o progenitoras), las congelaron, volvieron a dejar en cero mi médula y ahí me las volvieron a trasfundir hasta que todo volvió a funcionar normalmente.

-Eso significa que te curaste completamente…

-Sí, yo solamente me hago estudios hematológicos para chequear que todo siga funcionando bien, pero ya no me hago más punciones medulares ni de huesos porque como los estudios de sangre están correctos, no hay necesidad de volver a punzarme.

-¿Te recomiendan algún cuidado en especial?

-Mi vida es común, como antes de la enfermedad. Los recaudos son por la limpieza, hay lugares que no puedo visitar por el riesgo de las enfermedades endémicas, sigo un nuevo esquema de vacunación, desde cero, como si fuera un niño. Además, si no estoy en mi casa me tengo que cuidar con algunas comidas como verduras crudas o el sushi, que es sin cocción.

Tengo que tener menos cuidado que las personas con trasplante de un donante vivo, porque ellos pueden sufrir rechazos.

 

La historia de Andrea, que cuando se enfermó trabajaba como asesora de la diputada Karina Spalla (PRO), motivó en gran parte la aprobación en 2014 de un proyecto para declarar el 1º de abril como el Día del Donante de Médula Ósea.

Al mismo tiempo, se votó la creación de la Semana de Información, Divulgación y Concientización sobre la Donación Voluntaria de Médula Ósea que se realiza hasta hoy la última semana de marzo.

“Esta ley que acabamos de votar fue iniciativa de una asesora de nuestro bloque, el PRO, que durante todo el año pasado mostró grandeza, coraje y todo lo que una mujer aguerrida enfrenta cuando la vida la expone a situaciones como las que vivió”, había dicho sobre Andrea la propia Spalla durante la sesión.

-¿Cuál es la importancia de que haya un Banco de donantes?

-Como la posibilidad de ser compatible con alguien es muy remota, hay un banco de donantes voluntarios de médula ósea que existe en el país y a nivel mundial. Sólo en caso de ser compatible, se cita al donante para que se haga el procedimiento.

La donación de médula es por sangre, lo que te extraen es como si fuera una transfusión, por lo que –pasado un tiempo prudencial- podés volver a donar.

-¿Cómo se vive siendo transplantada?

-Es un proceso largo y bastante difícil. Por suerte la mente humana tiene la capacidad de olvidar todo aquello que no quiere acordarse. Dicen que la pasé bastante mal, yo no recuerdo tanto.

Obviamente, hubo momentos en que me desanimé, que me sentía físicamente muy mal, pero también tuve bastante ayuda familia, de amigos, profesional, apoyo psicológico con una terapeuta especializada en sostener en esas situaciones.

En general, tuve una actitud bastante positiva de aferrarme al porcentaje de chances de curación que tenía. Tengo muchísimos motivos para pelear y seguir viviendo. Creo que ni me lo planteé, puse lo mejor de mí y traté de luchar poniéndome del lado de que me iba a curar.

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