Cambio de hábitos alimentarios: ¿por dónde empezar?

Qué iniciativas tomar a la hora de alimentarnos mejor, cómo organizarse y cuáles son los puntos clave a tener en cuenta sobre una buena nutrición. Algunos tips para que nuestro cambio de hábitos sea efectivo y perdure en el tiempo.

En la vorágine de nuestros días, con horarios cada vez más complicados, nos encontramos en una dificultad cuando queremos cambiar nuestra alimentación y nuestros hábitos diarios. Lo cierto es que es necesario llevar a cabo este cambio paulatinamente, ya que si nutrimos nuestro cuerpo de manera correcta, tendremos muchos beneficios no solo en cuestión de salud física, si no también mental, descansaremos mejor y eso influirá también en nuestro estado de ánimo y demás beneficios.

Un primer paso es poder identificar cuáles son aquellas conductas, aquellas prácticas cotidianas que tenemos como hábito y que sabemos que tenemos que cambiar para adoptar un estilo de vida más saludable, más amigable con nosotros mismos y que logremos mantener a lo largo del tiempo. Claro que cada cuerpo es distinto y si queremos un plan de alimentación personal, o si padecemos alguna patología que requiera de un régimen específico, debemos recurrir a un Licenciado en Nutrición.

Podemos empezar cambiando el lugar de compra, dejar un poco de lado el supermercado, ya que en su mayoría ofrece alimentos ultraprocesados, cargados de azucares, sal, grasas saturadas, harinas y aceites refinados, que nada tienen que ver con una vida saludable. Recurrir más a dietéticas, mercados locales, tiendas naturales y armarnos una lista de alimentos naturales que reemplazaran los refinados que acostumbramos a usar.

En lugar de preferir harina blanca común, podemos elegir la versión integral, y probar otros tipos de harina como la de arroz integral, trigo sarraceno, centeno y muchas más. Optar por arroz integral en lugar del blanco común, existen varios tipos de arroz integral muy beneficiosos. Estos alimentos en su versión integral conservan su fibra, y esta nos hará sentir saciados por más tiempo.

Otro ejemplo es, para endulzar, podemos cambiar la azúcar blanca y edulcorantes artificiales por azúcar mescabo, stevia o miel. A esta lista podemos sumar frutos secos, semillas, cacao amargo, legumbres. Todos estos alimentos podemos ir probándolos de a poco con diferentes recetas y teniéndonos paciencia.

Es muy importante, escuchar nuestro cuerpo y las señales que nos envía, preguntarnos “¿cómo me siento después de comer ciertos alimentos?” Y analizar cómo está recibiendo mi organismo lo que le entrego.

Por otro lado, en este proceso de aprendizaje que hacemos en materia de alimentarnos mejor, es importante aprender a conocernos y a distinguir cuando tenemos hambre y cuando comemos porque tenemos alimentos cerca que nos atraen, y también una vez que empezamos a ingerir, saber identificar cuando seguimos con hambre o en realidad existe una emoción o algo que no podemos poner en palabras -ansiedad, nervios, angustia- y lo volcamos a la comida.

En cuanto a bebidas gaseosas y jugos lo ideal es reducir al mínimo su consumo, dejar estas bebidas para eventos como cumpleaños y festejos, ya que no nos hidratan y tienen altas concentraciones de azúcar, sodio y químicos. Lo ideal es consumir agua o jugos naturales hechos con frutas, limonadas, jugos exprimidos de naranja o pomelo, incluso smothies o licuados. En este caso además de traernos beneficios nutricionales, ahorraremos más dinero.

Algo que también debemos adoptar y tratar de quitarnos de la cabeza es la idea de que lo LIGTH es sinónimo de saludable, esas góndolas verdes no garantizan que si llenamos nuestra heladera de esos productos, bajaremos de peso o llevaremos una vida saludable.

Un punto no menos importante es la sal, hace años la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 5 gramos de sal por día, eso se traduce en una cucharadita tipo té por día. Tenemos que volver al sabor natural del alimento, somos una población con altos índices de Hipertensión Arterial, no le sentimos el sabor a las comidas sin sal por que perdimos en nuestras papilas gustativas esos sabores, y si no los consumimos acompañados de sal, nos resultan insulsos, pero los alimentos ya tienen sodio naturalmente, algunos menos que otros.

Por otro lado, los productos ultraprocesados tienen altas concentraciones de sodio, podemos optar por comprar sal marina o usar condimentos aromáticos si queremos resaltar sabores. Comer variedad de frutas y verduras frescas y de estación (que son las más económicas) carnes y huevos, cereales integrales y legumbres y además tener en cuenta que las cuatro comidas son importantes para no llegar con un hambre voraz a la siguiente.

Aunque la mayoría de las veces, no le demos especial atención, el descanso es súper necesario, dormir entre 7 y 8 horas trae muchos beneficios a la salud, al igual que realizar actividad física, 30 minutos por día como mínimo, y con esto no precisamente tiene que ser ir a un gimnasio, podemos hacer caminatas, salir a andar en bicicleta o simplemente bailar.

*La autora es Técnica Superior en Nutrición.

Leave a Reply

Your email address will not be published.